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title: "“Las nenas lloraban porque creían que se iban a llevar a la mamá” relató la abogada Ailín Narváez"
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description: "Mientras la Policía de Formosa intentó reducir el operativo a una simple “diligencia investigativa” por una motocicleta, los videos en vivo y el relato de la doctora Ailín Narváez mostraron otra escena: policías de civil, refuerzos nocturnos, amenazas de detención y una familia aterrada en Lote 111. El parte oficial habló de legalidad; la realidad mostró miedo."
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date_published: "2026-05-27T18:50:00-03:00"
date_modified: "2026-05-27T18:59:35-03:00"
tags:
  - "Gobierno de Gildo Insfrán"
  - "Intervención federal"
  - "Intimidación"
  - "Lote 111"
  - "Miedo"
  - "Policia de Formosa"
author_name: "leonardo fernández acosta"
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author_bio: "Licenciado en Comunicación Social UNLP"
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# “Las nenas lloraban porque creían que se iban a llevar a la mamá” relató la abogada Ailín Narváez

El relato de la doctora Ailín Narváez es brutal no por grandilocuente, sino por detallado. Porque cuando uno escucha paso por paso lo que ocurrió en el barrio Salvador Gurrieri, entiende rápidamente que acá no hubo solamente una “diligencia investigativa”, como intentó maquillarlo después el comunicado oficial de la Policía de Formosa. Acá hubo una situación de presión, intimidación y terror sobre una familia vulnerable.

Y lo más grave es que todo quedó registrado en vivo.

Según contó Narváez, todo comenzó con una notificación extraña: citar a una mujer un domingo a las 10 de la mañana para declarar en una comisaría. La explicación posterior era una denuncia por una supuesta retención indebida de una motocicleta. Ya ahí había rarezas. Pero lo peor vino después.

El martes, cerca de las seis de la tarde, la mujer recibe otra notificación. Tenía que presentarse… a las seis de la tarde. En ese mismo momento. Y además, según el relato, le advirtieron que si no concurría “la iban a buscar por la fuerza pública”.

No estamos hablando de un homicidio. No estamos hablando de un prófugo peligroso. Estamos hablando de una causa menor vinculada a una motocicleta. Sin embargo, la escena que describió la abogada parece sacada de otro contexto completamente distinto.

La mujer llamó desesperada. Tenía miedo.

Narváez contó que mientras intentaban organizar para acompañarla, la familia seguía encerrada en la casa. Cuando ella llegó al lugar, alrededor de las 19 horas, pensó primero que no había nadie. Hasta que empezó a distinguir, en medio de la oscuridad, tres motos y tres efectivos policiales de civil esperando afuera de la vivienda.

En la oscuridad.

Sin identificación visible.

Con menores adentro llorando.

Ese detalle es central. Porque el comunicado policial posterior intenta encuadrar todo como una simple “verificación” sobre una moto Keller denunciada por un joven de 23 años. Pero ninguna explicación administrativa logra borrar la imagen concreta que describió Narváez: una familia aterrada y policías apostados afuera de una casa de noche.

La abogada relató además que la sobrina de la mujer, una adolescente de 15 años, estaba “toda llaveada”, paralizada por el miedo. Las nenas lloraban creyendo que se iban a llevar detenida a su mamá.

Y mientras intentaban entender qué ocurría, llegaron más efectivos.

Una camioneta blanca sin identificación. Cuatro policías más descendiendo del vehículo. Más presión. Más tensión. Más intimidación.

Narváez contó que incluso ella y su pareja también abogado, sintieron miedo por la situación. Estaban prácticamente solos, de noche, frente a varios efectivos y en un clima completamente irregular para el tipo de causa que supuestamente investigaban.

El momento más delicado fue cuando el policía que encabezaba el procedimiento le dijo que no necesitaba orden de allanamiento y lanzó una frase todavía más grave: “Voy a venir con la orden y también para detenerle a la señora”.

Ahí se terminó de romper cualquier apariencia de normalidad.

Porque una cosa es notificar una causa. Otra muy distinta es desplegar un procedimiento de presión psicológica sobre una familia vulnerable, de noche, con menores llorando y amenazas de detención en medio de una causa que ni siquiera justificaba semejante despliegue.

Y mientras todo esto ocurría, el propio contexto terminaba de darle sentido al miedo de la familia. No se trataba de cualquier caso. Esa mujer había participado como testigo en la presentación realizada en el Senado de la Nación dentro del pedido de intervención federal a Formosa.

Por eso el comunicado policial termina sonando vacío.

Porque puede hablar de “tareas investigativas”, de “diligencias judiciales” y de “retención indebida”. Puede incluso aclarar que “no fue un allanamiento”. Pero hay algo que no puede borrar: las imágenes, los videos y el relato en tiempo real de una familia aterrada.

Y sobre todo, hay algo que tampoco puede responder: por qué una causa menor terminó con policías de civil rodeando una casa en la oscuridad mientras tres nenas lloraban adentro.

Ese es el verdadero problema.

Porque cuando los procedimientos empiezan a parecerse más a mecanismos de amedrentamiento que a actuaciones normales de la Justicia, el mensaje que recibe la sociedad es devastador.

Y en barrios vulnerables como Lote 111, ese mensaje se entiende perfectamente.

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