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title: "Kulfas, grandes fracasos, grandes discursos y ninguna autocrítica"
article_type: "Article"
description: "Matías Kulfas llegó a Formosa para explicar los errores de Milei y ofrecerle al peronismo una receta de estabilidad, producción y empleo. Lo que no llevó en la valija fue el balance de su propia gestión como ministro de Desarrollo Productivo: mucho diagnóstico sobre los fracasos ajenos y ninguna autocrítica sobre los resultados del gobierno del que formó parte."
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date_published: "2026-08-20T08:50:00-03:00"
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tags:
  - "Cero Autocritica"
  - "Gobierno de Gildo Insfrán"
  - "Inflación"
  - "Matias Kulfas"
  - "Robo K"
author_name: "leonardo fernández acosta"
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author_bio: "Licenciado en Comunicación Social UNLP"
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# Kulfas, grandes fracasos, grandes discursos y ninguna autocrítica

Matías Kulfas volvió a Formosa con el libreto de siempre: inflación, producción, empleo, industria, federalismo y una nueva oportunidad para el peronismo. El discurso es prolijo, las palabras suenan razonables y la autocrítica aparece como requisito para reconstruir la confianza social.

El problema es que Kulfas habla ahora desde la comodidad de quien ya no tiene que hacerse cargo de las consecuencias de sus propias recetas.

Fue ministro de Desarrollo Productivo de Alberto Fernández entre 2019 y 2022. Llegó al Gobierno con formación económica, experiencia y un diagnóstico previo sobre los problemas estructurales de la Argentina. No era un improvisado que descubría el país desde un despacho ministerial.

Sin embargo, durante su gestión la Argentina siguió atrapada en los mismos problemas que hoy utiliza para cuestionar a Milei: inflación elevada, restricciones cambiarias, escasez de dólares, dificultades para importar insumos, pérdida del poder adquisitivo y una economía cada vez más condicionada por la falta de confianza.

Ahora Kulfas sostiene que el Gobierno de Milei no funciona porque concentra el crecimiento en algunos sectores y perjudica a la industria, la construcción y las economías regionales.

Puede discutirse el diagnóstico sobre la actualidad. Lo que resulta mucho más difícil de sostener es la superioridad del modelo que representa Kulfas.

Porque el modelo económico que él integró tampoco consiguió transformar la estructura productiva argentina.

La industria continuó dependiendo de un Estado que administraba dólares escasos. Las empresas enfrentaron restricciones para acceder a insumos importados. La economía quedó atrapada entre controles cambiarios y una inflación que no dejó de crecer. El salario perdió poder adquisitivo y el Gobierno terminó recurriendo a una multiplicidad de programas y controles para intentar contener una dinámica inflacionaria que finalmente se volvió incontrolable.

Kulfas ahora reivindica una macroeconomía ordenada. Pero durante su paso por el Gobierno la macroeconomía nunca consiguió estabilizarse.

Habla de baja inflación. Pero abandonó el Ministerio cuando la inflación ya se había convertido en uno de los principales problemas de la economía argentina.

Habla de producción. Pero la política productiva estuvo permanentemente condicionada por la falta de dólares y las restricciones a las importaciones.

Habla de empleo de calidad. Pero el Gobierno del que formó parte no consiguió resolver la precarización laboral ni modificar sustancialmente la estructura de un mercado de trabajo caracterizado por la informalidad y los bajos ingresos.

Habla de federalismo. Pero las economías regionales continuaron dependiendo de un esquema nacional de impuestos, retenciones, restricciones cambiarias y acceso desigual al financiamiento.

La contradicción se vuelve todavía más evidente porque Kulfas no llegó al Ministerio sin conocimiento previo de estos problemas. Los había estudiado y escrito sobre ellos.

Conocía las dificultades del modelo productivo argentino. Conocía la restricción externa. Conocía los problemas de la política industrial. Conocía la cuestión energética. Conocía la inflación. Conocía las limitaciones del esquema económico kirchnerista.

Y, aun así, cuando tuvo la responsabilidad concreta de gobernar, no logró resolverlos.

Después llegó la ruptura con el propio Gobierno.

El episodio del Gasoducto Néstor Kirchner terminó exponiendo públicamente las diferencias internas del Frente de Todos y derivó en su salida del Ministerio. El mismo gobierno que debía presentar una estrategia económica coherente terminó consumido por una disputa interna que alcanzó a uno de sus ministros centrales.

Ese final también forma parte del balance de Kulfas.

Ahora aparece en Formosa hablando de la necesidad de que el peronismo haga autocrítica.

La autocrítica, sin embargo, no puede limitarse a responsabilizar a Cristina Kirchner, a Alberto Fernández o a Milei.

Una autocrítica seria debería incluir el propio desempeño.

Porque el peronismo no perdió credibilidad únicamente por sus adversarios. Perdió credibilidad también por sus resultados.

Y Kulfas fue parte de esos resultados.

Su nuevo discurso intenta construir una especie de tercera posición: ni Milei ni el kirchnerismo, ni ajuste ni desorden, ni mercado absoluto ni estatismo.

El problema es que esa tercera vía ya tuvo funcionarios, ministerios, presupuestos y poder.

Kulfas fue uno de ellos.

El país que recibió el Gobierno de Alberto Fernández tenía problemas graves. El país que dejó el Gobierno de Alberto Fernández también los tenía, y varios se habían agravado.

Por eso el problema del discurso de Kulfas no está en criticar al Gobierno actual. Está en presentar como novedoso un programa que debería explicar primero por qué no pudo aplicarse cuando él tenía las herramientas para hacerlo.

La política argentina está llena de funcionarios que descubren los problemas después de abandonar sus cargos.

Kulfas corre el riesgo de quedar atrapado en esa categoría.

Su visita a Formosa puede servir para reorganizar sectores del peronismo de cara a 2027. Puede servir para construir una alternativa política. Puede incluso servir para discutir seriamente el rumbo económico del país.

Pero para recuperar la confianza que él mismo reclama, el primer paso debería ser mucho más incómodo: **poner sobre la mesa el balance de su propia gestión, reconocer los errores y hacerse cargo de los resultados.**

Porque cambiar el discurso es sencillo.

Lo difícil es demostrar que se aprendió de los fracasos.

Y hasta ahora, Kulfas parece mucho más interesado en explicar los errores de Milei que en explicar los propios.

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