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title: "Cuando la mayoría sirve para callar en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Formosa"
article_type: "Article"
description: "Darío Di Martino no solamente perdió el control de una sesión del Concejo Deliberante. Perdió algo mucho más importante: el reflejo institucional que debería tener quien ocupa la Presidencia del cuerpo. Frente a un concejal insistente, respondió con intolerancia, con el reglamento como escudo y con la mayoría como mecanismo para cerrar el micrófono."
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date_published: "2026-08-28T09:02:00-03:00"
date_modified: "2026-08-28T09:18:16-03:00"
tags:
  - "Autoritario"
  - "Censura"
  - "Concejo Deliberante de la ciudad de Formosa"
  - "Dario Di Martino"
  - "Gbierno de Gildo Insfrán"
  - "Intolerancia"
  - "Mattia Canepa Neme"
author_name: "leonardo fernández acosta"
author_url: "https://formosainvestiga.com.ar/usuario/2/leonardo-fernandez-acosta"
author_bio: "Licenciado en Comunicación Social UNLP"
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# Cuando la mayoría sirve para callar en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Formosa

Hay una diferencia enorme entre **presidir un Concejo Deliberante y mandar sobre un Concejo Deliberante**.

Presidir significa ordenar el debate, hacer cumplir el reglamento, distribuir la palabra y garantizar que las distintas voces puedan expresarse. Mandar es otra cosa: es decidir cuándo alguien puede hablar, cuándo debe callarse y utilizar la mayoría para imponer ese silencio.

Y en esta sesión, Darío Di Martino pareció elegir la segunda opción.

Matías Canepa Neme podrá ser insistente. Podrá reiterar temas. Podrá resultar incómodo. Podrá plantear una cuestión una, dos, tres o diez veces. Pero mientras sea concejal tiene un derecho elemental: **hablar, argumentar, cuestionar y ser escuchado**.

La insistencia de un concejal no convierte su palabra en ilegítima.

Y mucho menos habilita al presidente del cuerpo a comportarse como si fuera el dueño del micrófono.

La escena es bastante clara. Canepa Neme intenta intervenir para explicar su posición antes de una votación. El presidente considera que el tema ya fue votado. Canepa Neme insiste. Y lo que debería resolverse con una aplicación serena del reglamento empieza a transformarse en una disputa personal.

Aparecen expresiones como “es una vergüenza”, “este no es el circo”, “sos irrespetuoso” y finalmente la amenaza de censurarlo de la sesión bajo el argumento de que el reglamento lo permite. El problema no es que el presidente tenga facultades reglamentarias. El problema es **cómo utiliza esas facultades**.

Porque un reglamento no fue creado para convertirse en un arma contra el concejal que incomoda. Fue creado para ordenar el funcionamiento de una institución.

Y mucho menos puede confundirse la autoridad con la intolerancia.

Di Martino tiene autoridad porque ocupa la Presidencia. No porque tenga razón en cada discusión. Y la mayoría oficialista tiene votos para aprobar las decisiones del cuerpo. **No tiene votos para convertir el Concejo en un lugar donde solamente se escucha aquello que resulta conveniente escuchar.**

La mayoría sirve para votar.

No para callar.

Canepa Neme podrá equivocarse en sus planteos. Podrá excederse. Podrá ser reiterativo. Incluso podrá ser políticamente incómodo. Pero justamente para eso existen los cuerpos deliberativos: para que haya voces incómodas, críticas, insistentes y diferentes.

Si cada vez que un concejal insiste con un tema la respuesta es cerrarle el micrófono, entonces el debate deja de ser debate y se convierte en una formalidad.

Y hay algo todavía más preocupante.

Cuando el conflicto sale del recinto, desaparece la solemnidad del cargo y aparece la verdadera dimensión del problema. Porque quien tiene que ser garante del orden institucional termina entrando en una confrontación personal.

Y allí aparece una frase que resume demasiado bien la degradación del intercambio: **“Vos conmigo no vas a joder”.**

Esa frase no pertenece al lenguaje de una institución deliberativa.

Pertenece al lenguaje de una pelea personal.

Un presidente de Concejo puede ordenar. Puede llamar al orden. Puede aplicar el reglamento. Puede incluso retirar el uso de la palabra cuando corresponda.

Lo que no debería hacer es transformar una diferencia política en un enfrentamiento personal.

Porque cuando el presidente del Concejo se siente personalmente atacado por un concejal, deja de actuar como árbitro y empieza a jugar el partido.

Y un árbitro que entra en la pelea deja de ser árbitro.

El problema, entonces, no es Matías Canepa Neme.

El Concejal de LLA puede ser pesado, insistente, reiterativo y hasta exasperante. Es parte del juego político. Para eso están las bancas, los debates y los reglamentos.

El verdadero problema aparece cuando quien debe administrar esas diferencias **no tiene el reflejo suficiente para tolerarlas**.

Un buen presidente no es el que logra que todos se callen.

Es el que consigue que todos puedan hablar sin que el recinto se convierta en un ring.

Porque un Concejo Deliberante donde la mayoría levanta la mano para aprobar y el presidente levanta la voz para callar ya no es exactamente un ámbito de deliberación.

Es simplemente una escribanía con micrófonos.

Y cuando la autoridad necesita apagar el micrófono para ganar una discusión, lo que queda encendido es algo mucho más revelador: **la evidencia de que la autoridad institucional empieza a confundirse peligrosamente con autoritarismo.**

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