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title: "Pozo del Tigre prepara el festejo del pueblo mientras la Policía manda a esperar a una madre que reclama justicia por la muerte de su hija"
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description: "Pozo del Tigre se prepara para festejar su aniversario mientras una familia todavía intenta saber por qué Jacqueline terminó muerta. La Policía habría decidido que la denuncia puede esperar hasta después de los festejos, la atención médica dejó demasiados interrogantes y el Estado parece más preocupado por que el pueblo llegue prolijo a la celebración que por escuchar a una madre que reclama respuestas por la muerte de su hija."
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date_published: "2026-09-20T20:27:00-03:00"
date_modified: "2026-09-20T20:37:46-03:00"
author_name: "leonardo fernández acosta"
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author_bio: "Licenciado en Comunicación Social UNLP"
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# Pozo del Tigre prepara el festejo del pueblo mientras la Policía manda a esperar a una madre que reclama justicia por la muerte de su hija

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Hay historias que no deberían terminar en una explicación rápida, mucho menos cuando detrás de una muerte quedan heridas, imágenes, testimonios familiares y una sucesión de hechos que todavía nadie logró explicar de manera convincente. La muerte de **Jacqueline del Valle Silva**, una joven oriunda de Pozo del Tigre que se encontraba viviendo en Salta y que había regresado a su localidad para pasar unos días junto a familiares y amigos, está rodeada de circunstancias que necesariamente deben ser investigadas con absoluta seriedad y sin descartar ninguna hipótesis antes de tiempo.

Jacqueline salió el viernes por la noche y terminó siendo asistida en el hospital de Pozo del Tigre. La joven tenía antecedentes de epilepsia y esa circunstancia aparece desde el comienzo como una de las explicaciones utilizadas para interpretar lo sucedido, pero su familia sostiene que cuando fue atendida presentaba lesiones que no podían ser atribuidas simplemente a una crisis epiléptica. Hablan de dos cortes profundos en la cabeza y de un fuerte golpe en la zona de la boca y el labio superior, lesiones que la madre interpreta como consecuencia de una agresión y no como el resultado de una caída durante una convulsión.

Después vino una secuencia todavía más confusa. Jacqueline habría intentado retirarse del hospital mientras se encontraba bajo una situación de custodia policial y terminó cayendo en una represa, para luego ser trasladada al hospital de Las Lomitas debido al estado en que se encontraba. Allí, durante la tarde del sábado, terminó muriendo. La autopsia habría establecido como mecanismo de muerte un paro cardiorrespiratorio, según la información aportada por la familia, pero esa conclusión no alcanza por sí sola para cerrar la discusión sobre qué provocó el deterioro que terminó con su vida. Una cosa es determinar cómo dejó de funcionar el organismo y otra muy distinta reconstruir qué sucedió durante las horas anteriores y cuáles fueron las causas que llevaron a ese desenlace.

La madre de Jacqueline no acepta la explicación y sostiene que su hija fue golpeada. Esa acusación todavía deberá ser probada y corresponde que sea la Justicia la que determine si existió o no una agresión, quiénes participaron y qué relación pudo tener ese episodio con la muerte. Pero hay elementos que justifican que la investigación sea exhaustiva y no una simple reconstrucción burocrática de los últimos minutos de vida de la joven.

La familia entregó a **Formosa Investiga** un video tomado desde cierta distancia en el que se observa a dos personas protagonizando un forcejeo y aparentemente intercambiando golpes en una calle de tierra de Pozo del Tigre, mientras una tercera persona cruza un zanjón. Los rostros no pueden distinguirse con claridad y el material, por sí mismo, no permite identificar a Jacqueline ni establecer qué ocurrió antes o después de esas imágenes. Sin embargo, la familia sostiene que la joven se encontraba allí con sus dos perros y que las características de la escena permiten vincularla con ella. Precisamente por eso el video no debería servir para alimentar rumores sino para algo mucho más sencillo y serio: **ser preservado, analizado y puesto a disposición de la investigación**.

Lo mismo debería ocurrir con las lesiones que presentaba Jacqueline. Si existieron cortes en la cabeza y una lesión en la boca, corresponde establecer mediante una evaluación médica y forense si esas heridas son compatibles con una caída provocada por una crisis epiléptica, con un golpe contra el suelo, con un elemento contundente o con una agresión física. No alcanza con una explicación verbal ni con una interpretación anticipada. La ciencia forense está precisamente para determinar aquello que las versiones de los familiares, de los vecinos o de quienes estuvieron presentes no pueden determinar por sí solas.

Pero en medio de todo este cuadro aparece un hecho que resulta particularmente grave y que, si se confirma tal como lo relata la familia, debería generar una explicación inmediata: **la madre de Jacqueline concurrió este domingo 20 de septiembre a la comisaría de Pozo del Tigre para denunciar que su hija habría sido golpeada y, según el testimonio familiar, los policías no quisieron tomarle la denuncia y le indicaron que regresara el lunes**.

Ese dato cambia completamente la dimensión institucional del caso.

Porque una madre que acaba de perder a su hija no está concurriendo a una comisaría para formular una queja menor. Está intentando dejar asentada una sospecha sobre las circunstancias en las que murió su hija y aportar elementos que considera relevantes para que se investigue. Si efectivamente la respuesta policial fue que regresara al día siguiente, la situación requiere una explicación clara por parte de quienes estaban a cargo de esa dependencia.

Y hay algo todavía más preocupante: **el lunes es el aniversario de Pozo del Tigre**.

Es decir que la denuncia, según el relato de la familia, habría quedado postergada precisamente para un día en el que la localidad estará atravesada por los actos y festejos del aniversario. Una muerte puede esperar para una ceremonia administrativa, pero una investigación sobre una muerte no debería esperar por ningún festejo.

Si la Policía entendía que la denuncia debía realizarse ante otra autoridad, debió orientar inmediatamente a la familia. Si correspondía intervención fiscal, debió darse intervención al Ministerio Público. Si existía algún impedimento formal, debió explicarse. Lo que no puede suceder, si la versión familiar es correcta, es que una madre que busca denunciar una posible agresión reciba como respuesta un simple **“vuelva mañana”**.

Porque mientras se organizan actos, discursos y festejos para celebrar un nuevo aniversario de Pozo del Tigre, una familia está intentando entender por qué una joven que llegó a su pueblo para pasar unos días terminó muerta en el hospital de Las Lomitas.

Y ahí aparece una contradicción difícil de ignorar. Mientras el Estado prepara una celebración para mostrar la localidad, sus instituciones deberían demostrar que también están a la altura cuando ocurre una tragedia que exige respuestas. La verdadera fortaleza de una comunidad no se demuestra solamente con desfiles, discursos y fotografías oficiales. También se demuestra cuando una familia golpea las puertas del Estado buscando justicia y esas puertas se abren.

Por eso este caso no puede convertirse en una discusión entre la versión de la familia y la versión de los médicos. Tampoco puede transformarse en una guerra de rumores alrededor de un video cuya calidad no permite identificar a las personas. Mucho menos corresponde señalar responsables antes de que existan pruebas. Lo que corresponde es investigar.

Investigar las lesiones. Investigar el video. Investigar quiénes estuvieron con Jacqueline. Reconstruir sus movimientos durante aquella noche. Determinar qué ocurrió en el hospital de Pozo del Tigre. Establecer las circunstancias de la caída en la represa. Analizar exhaustivamente las actuaciones médicas y policiales. Reconstruir su traslado a Las Lomitas y establecer científicamente qué provocó su muerte.

Y, fundamentalmente, **recibir la denuncia de la madre**.

Porque una denuncia no condena a nadie. Una denuncia no significa que la acusación sea verdadera. Una denuncia simplemente pone en marcha el mecanismo que permite determinar si lo que una familia sospecha ocurrió realmente o no.

Si Jacqueline murió por una crisis epiléptica y las lesiones fueron producto de una caída, una investigación seria deberá demostrarlo. Si existió una agresión, deberá determinarse quién la produjo y qué relación tuvo con su muerte. Si hubo errores, omisiones o negligencias en algún punto de la cadena de atención, también deberá establecerse. Y si finalmente ninguna de las sospechas familiares puede sostenerse, la verdad tendrá que surgir de las pruebas y no del silencio.

Porque lo verdaderamente peligroso en una muerte rodeada de dudas no es investigar demasiado.

**Es investigar demasiado poco.**

Jacqueline del Valle Silva ya no puede contar qué le pasó aquella noche en Pozo del Tigre. Por eso ahora tienen que hablar las pruebas, los peritajes, los testimonios y la Justicia.

Y si una madre llegó este domingo a una comisaría para denunciar que a su hija pudieron haberla golpeado, **la respuesta nunca debería ser que espere hasta después del festejo**.

Primero está la verdad.

Después, todo lo demás.

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