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title: "La pulverización de la pirámide salarial ahora le tocó a los judiciales de Formosa"
article_type: "Article"
description: "La pirámide salarial del Estado formoseño parece tener una particularidad: cuanto más arriba se está, menos se siente la crisis; cuanto más abajo se está, más se pulveriza el salario. Ahora la discusión llegó al Poder Judicial, donde los trabajadores denuncian que la histórica proporcionalidad entre categorías quedó prácticamente destruida mientras la cúpula del Superior Tribunal se despega cada vez más del resto de los empleados."
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date_published: "2026-10-08T10:10:00-03:00"
date_modified: "2026-10-08T10:17:52-03:00"
tags:
  - "Gobierno de Gildo Insfrán"
  - "Judiciales"
  - "Piramide Salarial"
  - "Pulverización del salario"
  - "Recorte de Insfrán"
author_name: "leonardo fernández acosta"
author_url: "https://formosainvestiga.com.ar/usuario/2/leonardo-fernandez-acosta"
author_bio: "Licenciado en Comunicación Social UNLP"
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# La pulverización de la pirámide salarial ahora le tocó a los judiciales de Formosa

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Hay una palabra que permite entender lo que está pasando: pulverización. Primero se pulverizó el poder adquisitivo, después comenzaron a pulverizarse las escalas salariales y ahora parece estar pulverizándose la propia relación entre quienes están en la base y quienes ocupan la cima de la estructura.

La Asociación Judicial de Formosa puso sobre la mesa una realidad que, si se toman como referencia los números denunciados por el gremio, resulta difícil de disimular: una primera categoría que ronda el millón y medio de pesos frente a ministros del Superior Tribunal que, según AJUFSA, superan los 27,5 millones de pesos de bolsillo y pueden llegar a los 30 millones o más.

No se trata de sostener que un empleado judicial debe ganar lo mismo que un ministro. Eso sería absurdo y nadie está planteando semejante cosa. El problema es otro: qué distancia puede existir entre la base y la cima antes de que la pirámide deje de ser una estructura salarial razonable y se transforme en una estructura partida en dos. AJUFSA sostiene que el reclamo no es cobrar como un ministro, sino recuperar el sistema de valores de referencia que históricamente determinó qué porcentaje del salario de los máximos cargos correspondía a cada categoría. Es decir, no están reclamando eliminar las diferencias salariales; están denunciando que se rompió la proporcionalidad. Y ahí aparece el verdadero problema.

Porque si a un trabajador de las categorías inferiores le llegan 16.000 pesos de aumento mientras para los niveles jerárquicos la recomposición representa cientos de miles o millones, la palabra “aumento” empieza a tener significados completamente diferentes según el lugar que cada uno ocupa en la pirámide. Para el que está abajo, 16.000 pesos pueden desaparecer en una compra de supermercado; para quien está arriba, un incremento de 900.000 pesos puede representar una cifra equivalente a buena parte del salario de un trabajador. La inflación, entonces, no golpea a todos de la misma manera: golpea mucho más rápido al que menos gana.

Y esto deja de ser una simple discusión gremial cuando quienes administran los recursos del Poder Judicial también forman parte de la estructura que determina cómo se distribuyen esos recursos. El problema institucional aparece justamente ahí: si el presupuesto es limitado, habrá que explicar cómo se distribuye; si existen valores de referencia, habrá que explicar por qué dejan de aplicarse; si la estructura salarial cambió, habrá que explicar quién decidió modificarla y con qué criterio. Porque no alcanza con decir que los jueces tienen responsabilidades mayores. Naturalmente que las tienen. Lo que debe explicarse es por qué esa diferencia salarial tiene que transformarse en una distancia cada vez más gigantesca entre quienes sostienen diariamente el funcionamiento de la Justicia y quienes ocupan los cargos superiores.

Según la denuncia gremial, el ministro que menos cobra supera los 27 millones y medio de bolsillo mientras la primera categoría ronda los 1,5 millones. Casi veinte salarios de la categoría inferior contenidos dentro de un solo ingreso de la máxima conducción. Eso ya no parece una pirámide. Parece una estructura salarial partida en dos. Y la paradoja resulta todavía mayor porque estamos hablando del Poder Judicial, precisamente la institución que tiene entre sus funciones resolver conflictos vinculados con derechos, igualdad y proporcionalidad.

La discusión salarial ahora obliga a la propia Justicia a mirarse hacia adentro. Durante años se habló de la necesidad de proteger el salario de los trabajadores estatales, de sostener el poder adquisitivo y de garantizar condiciones dignas. Pero cuando se observa cómo se distribuyen las recomposiciones aparece una pregunta mucho más incómoda: ¿a quién se está protegiendo realmente cuando la distancia entre las categorías más bajas y las más altas no deja de crecer? Porque una política salarial que aumenta mucho más rápido arriba que abajo no reduce la desigualdad. La administra y, eventualmente, la profundiza. Y esto no es solamente un problema de los judiciales. Es parte de una discusión mucho más grande sobre el funcionamiento del Estado formoseño, donde la distancia entre las bases y las cúpulas se vuelve cada vez más visible.

El trabajador reclama, la conducción negocia, el presupuesto se distribuye y, mientras tanto, la brecha continúa creciendo. Ahora los judiciales están poniendo esa realidad sobre la mesa. También denuncian descuentos por las medidas de fuerza, presiones sobre las calificaciones, condicionamientos para los ascensos y modificaciones en los mecanismos de liquidación salarial. Son denuncias gremiales que deberán ser comprobadas en los ámbitos correspondientes, pero incluso dejando esas acusaciones a un costado queda un dato imposible de ignorar: existe un conflicto salarial profundo y una brecha económica que una dirigente con 41 años dentro del Poder Judicial describe como inédita en toda su trayectoria.

Eso debería ser suficiente para que el Superior Tribunal explique, con números claros y transparentes, cómo se construye actualmente la pirámide salarial del Poder Judicial. Porque la discusión ya no consiste simplemente en cuánto cobra un ministro. La verdadera discusión es cuánto vale dentro del presupuesto judicial el trabajador que está abajo y cuánto vale el que está arriba.

Y cuando la base necesita salir a reclamar para recuperar una proporcionalidad que, según el gremio, existía históricamente mientras la cúpula se despega salarialmente del resto, la palabra “pirámide” empieza a convertirse casi en una ironía. Primero se pulverizó el poder adquisitivo. Después se pulverizaron las escalas. Ahora se está pulverizando la proporción. Y cuando la base queda cada vez más lejos de la cima, el problema deja de ser cuánto gana cada uno. El problema pasa a ser quién decide cuánto vale cada uno dentro del mismo sistema. Porque si la Justicia reclama justicia hacia afuera, también tendrá que demostrar que puede aplicarla hacia adentro. **La pulverización de la pirámide salarial llegó ahora a los judiciales. Y cuando hasta los trabajadores del Poder Judicial tienen que reclamar que se respete una proporción salarial, la discusión ya no es solamente sobre salarios: es sobre la justicia de la propia estructura que administra la Justicia.**

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