Mientras los formoseños pagan la factura de un Estado que se mete en todo, San Martín sueña con ascender bajo la sombra de los contactos de Gildo Insfrán con la cúpula de la AFA. Las sospechas sobre los arbitrajes abren un interrogante explosivo: si el poder político también juega este campeonato, falta saber quién financia la fiesta y si la cuenta terminará, como tantas otras, a cargo de los contribuyentes.