leonardo fernández acosta
07/10/2026Malich defiende el Estado como si cantidad de empleados fuera sinónimo de rutas buenas, pero el mundo desarrollado ya entendió otra cosa: el Estado debe controlar, no necesariamente construir. Brasil y Chile concesionaron sus rutas, incorporaron capital privado y lograron mejores niveles de servicio. En Argentina, mientras tanto, el kirchnerismo convirtió buena parte de la obra pública en una monumental caja de corrupción. El estatismo pudo ser una herramienta de desarrollo hace un siglo; hoy, con décadas de burocracia, despilfarro y corrupción a cuestas, puede convertirse en un ancla de 10 mil toneladas que impide avanzar.