
Manipular los gremios, controlar la CGT: el poder detrás de los sindicatos confederados de Martínez
leonardo fernández acostaEn Formosa existe una enfermedad política que lleva décadas incubándose. Su síntoma principal es simple: quien llega al poder termina convencido de que el cargo le pertenece. La padece el poder político. Y por supuesto el sindicalismo no se queda atrás.
Hilario Martínez conduce la CGT Regional Formosa desde hace muchos años. Su mandato venció el 23 de marzo de 2026. Sin embargo, continuó al frente de la central obrera hasta que la Secretaría del Interior de la CGT nacional convocó finalmente al plenario electivo para el próximo 5 de agosto.
La situación inevitablemente remite al modelo político que domina la provincia desde hace décadas.
Gildo Insfrán construyó un sistema donde la permanencia dejó de ser la excepción para convertirse en la regla. La reelección indefinida, habilitada por la reforma constitucional de 2003, transformó la alternancia democrática en una rareza política.
Cuando un dirigente permanece demasiado tiempo en un cargo, deja de administrar una institución para confundirse con ella. Y ese parece ser el riesgo que hoy enfrenta la CGT Formosa. La discusión ya no gira únicamente alrededor de quién será el próximo secretario general. El debate pasó a ser quién decide quién puede votar.
Hilario Martínez fue categórico al responder a la diputada gildista, Estela Escobar, quien confirmó su candidatura. Dijo que el 5 de agosto deberá acreditar si su sindicato está formalmente confederado y sostuvo que, junto al coordinador enviado por la CGT nacional, se verificará qué organizaciones cumplen los requisitos para ingresar al plenario.
¿Quiénes pueden votar? El padrón que nadie conoce
La principal discusión ya no es quién conducirá la CGT Formosa, sino quiénes tendrán derecho a elegir esa conducción.
Hilario Martínez sostiene que únicamente podrán participar los gremios formalmente confederados y con el aval de sus respectivas conducciones nacionales. Incluso advirtió que Estela Escobar deberá acreditar el 5 de agosto si su sindicato cumple esos requisitos para intervenir en el plenario electivo.
El problema es que no existe un padrón público y actualizado que permita conocer con precisión cuántos sindicatos integran efectivamente la CGT Regional Formosa.
Los propios antecedentes muestran esa falta de claridad:
- En marzo de 2022, durante la normalización de la CGT Regional Formosa que consagró a Hilario Martínez, participaron alrededor de 50 organizaciones sindicales.
- En marzo de 2026, el Movimiento por la Unidad Gremial difundió una reunión de respaldo a la candidatura de Estela Escobar con la participación de 24 gremios.
- Actualmente, Escobar sostiene que más de 45 gremios participan de las asambleas permanentes que impulsan la renovación de la CGT, aunque ello no significa que todos estén formalmente confederados.
Es decir, mientras una parte habla de más de cuarenta y cinco organizaciones movilizadas y la conducción responde que solamente votarán los gremios confederados, nadie conoce públicamente cuál es el padrón definitivo de sindicatos habilitados para elegir a las nuevas autoridades.
Y allí aparece la mayor paradoja: el dirigente cuyo mandato venció el 23 de marzo es, al mismo tiempo, quien sostiene que serán muchos menos los gremios habilitados para participar porque primero deberán acreditar su condición de confederados ante el coordinador enviado por la CGT nacional.
La transparencia de una elección sindical no se mide solamente por la fecha de la votación. También se mide por la publicidad de su padrón. Si los trabajadores desconocen quiénes pueden votar y quiénes quedaron afuera, la discusión deja de ser gremial para convertirse en un problema de legitimidad institucional.
La comparación con el modelo político provincial aparece casi naturalmente.
Durante años, el oficialismo formoseño sostuvo que Gildo Insfrán era insustituible. Que solamente él garantizaba gobernabilidad, estabilidad y unidad.
Ahora, en el plano gremial, pareciera escucharse un razonamiento parecido: que la CGT solamente puede funcionar bajo una conducción conocida, mientras se discute quiénes tendrán derecho a participar de la renovación.
Las instituciones empiezan a deteriorarse cuando los dirigentes dejan de sentirse representantes para sentirse propietarios.
No importa si se trata de una gobernación, de un municipio, de un sindicato o de una central obrera.
Porque el poder prolongado produce siempre el mismo efecto: desaparecen los controles, se debilitan los mecanismos de renovación y cualquier crítica pasa a interpretarse como un ataque personal.
La CGT nació para defender a los trabajadores, no para garantizar la permanencia de sus dirigentes.
El próximo 5 de agosto no solamente se elegirán nueve autoridades regionales.
También se pondrá a prueba si la CGT Formosa quiere diferenciarse del modelo político que durante años naturalizó la permanencia indefinida en el poder o si, por el contrario, terminó adoptando la misma lógica: la de creer que los cargos no se ejercen temporalmente, sino que se habitan.
Porque cuando un dirigente comienza a sentirse imprescindible, deja de servir a la institución.
Y cuando una institución deja de renovarse, corre el riesgo de convertirse en el reflejo de aquello que durante años dijo representar, pero terminó imitando.



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