Lucas Rodriguez dice “no se alarmen” mientras Horacio Zambón prende las alertas: el gobierno no se pone de acuerdo ni con el agua

El Gobierno de Formosa parece haber descubierto una curiosa manera de enfrentar una emergencia climática: mientras un funcionario enciende las luces amarillas, otro pide que nadie se alarme. El mismo fenómeno, dos diagnósticos y una sola conclusión posible: alguien debería ponerse de acuerdo antes de salir a hablar.
07/09/2026leonardo fernández acostaleonardo fernández acosta

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El Niño es un fenómeno climático asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, que modifica los patrones habituales de circulación atmosférica y puede alterar las lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo.

En nuestra región, sus efectos pueden traducirse en precipitaciones superiores a las normales, tormentas más intensas, crecidas de ríos y mayores dificultades para el escurrimiento del agua, aunque el impacto no necesariamente sea igual en todo el territorio.

Por eso, en Formosa el fenómeno merece especial atención: la provincia tiene una pendiente muy suave y un sistema de escurrimiento que se desarrolla principalmente de noroeste a sudeste, mientras que distintas rutas y obras de infraestructura atraviesan ese recorrido natural del agua.

Y justamente ahí empieza el problema. Porque cuando se escuchan los discursos oficiales sobre El Niño, uno termina preguntándose si los funcionarios están describiendo el mismo fenómeno meteorológico o si cada uno recibió un pronóstico diferente.

DOS FUNCIONARIOS, DOS VERSIONES

El Gobierno de Formosa reunió funcionarios, organismos, técnicos y especialistas para preparar a la provincia ante el fenómeno de El Niño. Hasta ahí, todo razonable. El problema comienza cuando uno escucha lo que dicen los propios funcionarios.

Por un lado, el coordinador ejecutivo de la Unidad Provincial de Coordinación del Agua, Horacio Zambón, presenta un diagnóstico que obliga a mirar con atención el sistema de escurrimiento provincial. Habla de lluvias intensas, de cuencas, de caudales, de infraestructura y advierte que las rutas transversales pueden convertirse en verdaderos obstáculos para que el agua llegue al río Paraguay.

Y no deja demasiado margen para la interpretación cuando señala que "le vamos a clavar el ojo a la Ruta Nacional 11". Hasta ahí, parece que el agua viene con ganas de complicar las cosas.

Pero entonces aparece el ministro de Producción y Ambiente, Lucas Rodríguez, y cambia la película. Rodríguez pide "no ser alarmistas" y asegura que "no es grande la proporción de superficie de suelo formoseño" que se vería afectada.

Perfecto. Entonces tenemos un pequeño problema. Tanta reunión, tanto informe, tanta articulación interinstitucional, tanta información satelital, tanto monitoreo y tanta preocupación por las rutas si la superficie afectada finalmente sería poca?

Quizás el agua formoseña también fue incorporada al Modelo Formoseño: hay que prevenirla por las dudas, pero explicarle a la gente que no pasa nada.

EL NIÑO TIENE TRES FASES Y EL DISCURSO OFICIAL TIENE DOS

Rodríguez explica que la primera fase fue de transición, que ya fue superada; que septiembre-noviembre será la etapa de activación y que el mayor impacto llegará entre diciembre y febrero-marzo.

Es decir, lo más fuerte todavía estaría por venir. Y acá aparece otra curiosidad.

El ministro reconoce que se esperan lluvias por encima del promedio, que pueden producirse tormentas más fuertes y que podrían verse afectadas infraestructuras públicas, además de los sistemas sanitario, educativo y social.

Pero inmediatamente pide que no seamos alarmistas. Es una fórmula bastante original: "Puede llover más de lo normal, pueden venir tormentas más fuertes, puede afectarse infraestructura, salud y educación... pero tranquilos."

Es casi la versión climática de aquella vieja receta oficial: "No pasa nada, pero estamos preparando todo porque puede pasar."

EL AGUA NO ENTIENDE DE RELATOS POLÍTICOS

Zambón, mientras tanto, pone sobre la mesa un problema concreto: Formosa tiene una pendiente suave, el agua escurre de noroeste a sudeste y las rutas que atraviesan transversalmente la provincia pueden dificultar ese escurrimiento.

Y entre todas, dice, hay que mirar especialmente a la Ruta Nacional 11. Es decir, el problema no es solamente cuánto llueve. También importa por dónde tiene que pasar el agua después de que llueve. Un detalle bastante elemental, aunque aparentemente recién ahora merece una reunión interinstitucional.

Porque una cosa es anunciar que se viene El Niño y otra muy distinta es saber si las obras, alcantarillas, canales, rutas y sistemas de drenaje están realmente preparados para recibirlo.

DEL "EFECTO TAPÓN" AL "EFECTO CONTRADICCIÓN"

Rodríguez también intenta tranquilizar recordando que el río Paraguay no tiene los niveles de 1997, 1998 o 2016 y que, por lo tanto, el denominado efecto tapón no sería hoy tan drástico.

Bien. Pero Zambón está hablando de otra cosa: del escurrimiento interno y de los obstáculos que encuentra el agua dentro de la propia provincia. Por lo tanto, comparar solamente el nivel del Paraguay para transmitir tranquilidad es insuficiente.

Porque el agua puede tener dificultades para llegar al Paraguay mucho antes de llegar al Paraguay. Y ahí aparece el verdadero problema: el discurso oficial parece estar mirando simultáneamente dos mapas distintos.

Uno muestra las condiciones hidrológicas. El otro muestra las condiciones políticas de la comunicación.

100% DE PROBABILIDAD, PERO "NO SE ALARMEN"

Hay otra frase de Rodríguez que merece atención. La probabilidad de que continúe el fenómeno de El Niño entre diciembre y febrero pasó, según explica, del 96% al 100%.

Cien por ciento. No 60. No 70. No "hay alguna posibilidad". Cien por ciento.

Pero, nuevamente, la recomendación es no alarmarse. Entonces uno empieza a sospechar que en Formosa hasta la certeza meteorológica necesita pasar por el filtro de la comunicación oficial.

El Niño está confirmado al 100%, las lluvias serán superiores al promedio, pueden ser más intensas, pueden afectar infraestructura, salud y educación, el sistema de drenaje merece vigilancia especial y hay que mirar especialmente la Ruta 11.

Pero tranquilos. No sean alarmistas.

EL GOBIERNO DESCUBRIÓ EL PRINCIPIO DE LA DOBLE EXPLICACIÓN

El problema no es prevenir. Al contrario: prevenir está bien y es necesario. El problema es que el Gobierno parece querer quedarse simultáneamente con las dos versiones.

Cuando necesita demostrar gestión, El Niño es suficientemente peligroso como para convocar reuniones, movilizar organismos, producir informes, analizar cuencas y vigilar rutas.

Cuando necesita transmitir tranquilidad, resulta que la superficie afectada "no es grande", el río Paraguay no está como en 1998 y la situación "no es tan drástica".

Es decir:

Para justificar la prevención, el fenómeno es serio.
Para evitar preocupación social, el fenómeno es menor.

Y así aparece el verdadero fenómeno meteorológico formoseño: llueve en el pronóstico, pero las contradicciones llueven en el discurso.

Porque una cosa es prevenir y otra muy distinta es utilizar la prevención como escenografía de gestión mientras, al mismo tiempo, se intenta minimizar el riesgo.

La población no necesita funcionarios que compitan por quién tranquiliza más. Necesita algo mucho más sencillo:

información clara, obras de drenaje funcionando, infraestructura preparada y un diagnóstico único.

Porque si el agua finalmente llega, no va a preguntarle a ningún funcionario qué versión del discurso corresponde aplicar. El agua no milita, no vota y no lee comunicados oficiales. Simplemente busca por dónde salir.

Y si encuentra una ruta, una alcantarilla insuficiente, un canal obstruido o una obra mal planificada, la explicación política llegará después del agua.

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