
Formosa fuera del mapa republicano: la continuidad del desinterés nacional, ahora con Milei
leonardo fernández acosta
Cambian los gobiernos, pero la omertá con el feudo formoseño permanece intacta. La Formosa de Gildo Insfrán sigue siendo una anomalía institucional tolerada por todos los colores políticos, incluidos los que prometieron dinamitar “la casta”. El silencio de Alberto Fernández durante la pandemia fue escandaloso. El de Javier Milei, hoy, es aún más elocuente porque sucede con pleno conocimiento de causa y con la verborragia republicana convertida en cenizas.
Esta semana, el flamante jefe de Gabinete, Guillermo Francos, ofreció un sincericidio que vale más que mil discursos de campaña: “El Presidente me elige a mí porque se da cuenta que con la política argentina a él se le hace complicado porque no la entiende. Yo tengo una posibilidad mayor de dialogar”. Traducido: el anarcocapitalista libertario que prometió arrasar con los privilegios de la casta, delega el poder real en un operador clásico del sistema que viene a negociar con los mismos que supuestamente iban a ser erradicados.
Y Formosa, una vez más, queda fuera del radar republicano. Consultado sobre las recientes elecciones en la provincia , donde Insfrán arrasó con el 70% de los votos en un clima de control social absoluto, Francos despejó cualquier duda: "El Gobernador Insfrán gana las elecciones en la provincia permanentemente. El pueblo formoseño lo vota. [...] Podrá ser un señor feudal porque maneja la provincia y los presupuestos a su manera, pero es lo que vota la gente".
Así de fácil. Con eso basta para validar un régimen que lleva más de un cuarto de siglo en el poder, blindado con recursos públicos, punteros, dádivas, medios cooptados y un aparato estatal al servicio del partido. La narrativa anticasta, el compromiso con la república, la defensa del federalismo sano y competitivo fueron a la papelera de reciclaje. Pero no sorprende a nadie que viva en la provincia desprendida del mapa democrático.
Es la misma lógica de omisión que se vivió durante el confinamiento estricto de 2020, cuando Formosa fue noticia internacional por encierros arbitrarios, abusos policiales y violaciones flagrantes a derechos humanos. En aquel entonces, el presidente Alberto Fernández elogió el “modelo sanitario” de Insfrán y lo defendió incluso frente a informes oficiales que lo desmentían. Hoy, el gobierno de Milei guarda el mismo silencio culposo. Y cuando habla, lo hace para validar lo que ocurre.
Constitucionalistas, dirigentes de la oposición local y nacional, e incluso organismos de derechos humanos han reclamado que se analice una posible intervención federal, una herramienta excepcional pero prevista por la Constitución cuando los poderes provinciales son burlados sistemáticamente. La respuesta del gobierno nacional es un bostezo diplomático: “Es una decisión política que se toma entre los dos poderes”.
Lo cierto es que, mientras Milei juega a gobernar por Twitter y el Congreso se traba en debates estériles, Gildo Insfrán sigue firme en el poder, con el aval implícito o explícito de todos los gobiernos nacionales. La república termina donde empieza el clientelismo invencible. Y la libertad, tan declamada, no se defiende con discursos grandilocuentes, sino con actos concretos. Hasta ahora, el Presidente que prometió cortar con la casta, la está sosteniendo con las dos manos.
Formosa sigue siendo territorio liberado. Liberado de controles, de alternancia, de justicia independiente, de prensa libre. Pero sobre todo, liberado de interés nacional. Ayer fue con Alberto Fernández. Hoy, con Milei. Y mañana, tal vez con otro. Mientras tanto, Insfrán sonríe. Sabe que no tiene de qué preocuparse.


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