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Volver al futuro del delito: expedientes paranormales del futuro aprobados por el PJ y Saavedra el autopercibido Therian libertario

Mientras denunciaba un expediente adulterado que desafía las leyes de la física, salió a la luz el más ridículo de los secretos: Saavedra se autopercibe el "único felino libertario" del recinto, pero las pruebas lo muestran cazando migajas con la vieja política. Enfrente, el concejal Mattia Canepa Neme destapó la olla y ahora todos quieren saber quién manipuló el tiempo y quién se cree gato.
12/03/2026leonardo fernández acostaleonardo fernández acosta

En el mundo de la política local, uno ya cree haberlo visto todo. Hemos tenido concejales que confunden el recinto con un bingo, proyectos que son copia textual de Wikipedia y promesas de campaña que duran menos que un teléfono mojado. Pero lo que ha ocurrido en las últimas horas en el Concejo Deliberante supera la ficción, roza el absurdo metafísico y nos sumerge de lleno en un reality show donde los protagonistas no saben si están en una sesión ordinaria o en una convención de criaturas fantásticas.

Todo estalló cuando el concejal Mattia Canepa Neme, con la cara de quien acaba de encontrar una cucaracha en el café, soltó la bomba en el recinto. Según su exposición, que debería ser replicada en escuelas de periodismo como ejemplo de "cómo destapar una olla a presión", existen pruebas de que un expediente clave, el 16-25, habría sido adulterado.

Pero no cualquier adulteración. No es un "se me cayó un tintero y no se veía la firma". Estamos hablando de una distorsión en el continuo espacio-tiempo que ni Stephen Hawking podría explicar. Según la denuncia de Canepa Neme, mientras su propio expediente ingresaba a las 9 de la mañana del 10 de diciembre, el expediente 16-25, que figura como presentado antes, no tiene registros posteriores a esa misma hora y fecha. Es como si el expediente hubiera entrado, hubiera visto la luz, hubiera dicho "uy, mirá, este lugar no me gusta" y se hubiera metido en un agujero de gusano durante unos meses para reaparecer trucho, como un mal vino añejo.

La pregunta que flota en el aire es: ¿Quién necesita un Delorean si tienes un concejal con una pc y poca vergüenza? Y es aquí donde nuestro querido e involuntario protagonista, el concejal Ramiro Saavedra, hace su entrada triunfal. Porque, claro, cuando hay un expediente que viaja en el tiempo, tiene que haber un viajero. Y Saavedra, lejos de ser un humilde empleado municipal, aspira a ser el Doctor Who de la política local, pero con menos estilo y más intereses creados.

Resulta que, en su afán por figurar, Saavedra habría intentado "truchar" la realidad para atribuirse un título que nadie le otorgó: el de único y legítimo representante de La Libertad Avanza en el concejo. Pero aquí viene lo más hilarante del asunto. Mientras posaba para la foto con la motosierra de juguete y la escarapela de "la casta nunca más", nuestras fuentes confirman que Saavedra habría mantenido un floreciente y aceitado negocio con el gildismo.

Que paradoja, el joven profeta de la libertad que aparte estuvo en un balcón del Congreso Nacional, el adalid anti-statu quo, resulta que tenía la mano metida hasta el codo en la misma vieja política que dice combatir. Es el equivalente político a predicar la dieta vegana mientras te atiborras de asado en un cuarto oscuro. Negociar con el gildismo es como hacerle un pacto al diablo de la política tradicional, ese mismo que prometiste exorcizar. Pero bueno, la hipotenusa, diría un matemático desorientado.

Y para coronar este esperpento, aparece la cereza del postre: la autopercepción felina de Saavedra. En su intento desesperado por ser "el único representante", parece que ha adoptado la identidad de un therian libertario.

Para los que viven en una burbuja (o no tienen TikTok), un therian es una persona que se identifica espiritualmente con un animal. Y Saavedra, en su alucinación de poder, habría decidido que su espíritu animal es un gato montés libertario. Un felino solitario que ruge contra el sistema mientras maúlla órdenes a sus asesores y araña los expedientes que no le gustan.

Imaginemos la escena: Saavedra, en su oficina, con orejas postizas de gato, mirando el expediente 16-25 y diciendo: "Este proyecto no me ronronea, voy a hacer que viaje en el tiempo para que parezca que yo llegué primero. Después me rasco la espalda con el escritorio y voy a negociar con el Gildo para que me aprueben las carpetas".

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Es la síntesis perfecta de la crisis de representación política: un señor que quiere romper con todo, pero negocia con lo viejo; que quiere ser único, pero se esconde en una jauría (aunque sea imaginaria); que acusa a otros de manipular, mientras tiene un expediente que desafía las leyes de la física en su escritorio.

La presentación del concejal Mattia Canepa Neme

En medio de este aquelarre, aparece la figura lúcida y casi extraterrestre del concejal Mattia Canepa Neme. Mientras Saavedra jugaba a ser un lince libertario en su mundo de fantasía, Canepa Neme hizo lo que debería ser la norma y no la excepción: presentó pruebas, pidió cámaras y exigió copias.

Su presentación fue un misil a la línea de flotación de la joda. No vino con un maullido, vino con un expediente. No pidió que le reconozcan su espíritu de lobo estepario, pidió acceso a las cámaras del hall. En un mundo de gatos que maúllan disparates, Mattia fue el único que ladró (perdón por la metáfora canina) pidiendo orden.

Mientras Saavedra está preocupado por su "autopercepción" como el dueño de La Libertad Avanza en el concejo, Canepa Neme le recuerda que la realidad es tozuda y que las 9 de la mañana del 10 de diciembre son una hora y fecha que no mienten, aunque los expedientes sí lo hagan.

Señores concejales, basta de ciencia ficción. Si quieren viajar en el tiempo, háganlo en su tiempo libre. Si quieren autopercibirse un therian libertario, vayan a un especialista. Pero el recinto del Concejo Deliberante no es una dimensión desconocida ni un zoológico.

Lo que ha hecho Ramiro Saavedra, si se confirma, no es una travesura de un gato juguetón. Es, como bien apuntó Canepa Neme, un posible delito. Y lo más grave: es una falta de respeto a los ciudadanos que, a diferencia de los expedientes, no pueden viajar en el tiempo para olvidar este papelón.

Que alguien le ponga un cascabel al gato (nunca mejor dicho) antes de que siga jugando con el reloj y termine rompiendo la poca credibilidad que le queda a la política. Mientras tanto, nosotros seguiremos mirando, con las palomitas en la mano, esperando el próximo capítulo de: "Expedientes Paranormales: La Liga de los Concejalos Therians".

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