
La Caja de Previsión Social contiene a los abuelos enseñandoles a bailar zumba y chamamé
leonardo fernández acostaEn Formosa, la política para los jubilados parece haber encontrado su zona de confort: mantenerlos ocupados. El administrador de la Caja de Previsión Social, Rolando Ramírez, presentó una nueva edición de talleres gratuitos que, más que una política de inclusión, suenan a una rutina repetida sin demasiadas ambiciones.
Ritmos latinos, folklore, coro, danzas regionales y algo de nutrición. Una grilla prolija, sí, pero también previsible. Lo que no aparece y acaso incomoda, es cualquier intento serio de incorporar a los adultos mayores al mundo actual: ni informática, ni alfabetización digital, ni programas de formación que les permitan estudiar, actualizarse o incluso generar algún ingreso. Como si el Estado ya hubiera decidido cuál es el límite de sus aspiraciones.
El contraste es inevitable. Mientras en Formosa se ofrece entretenimiento, en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires avanzan programas como Talento Tech, donde incluso adultos mayores pueden capacitarse en habilidades digitales, programación y herramientas concretas para no quedar afuera del mundo actual. No es solo pasar el tiempo: es integrarlos.
El propio funcionario, sin quererlo, deja expuesto otro problema más profundo. El haber mínimo jubilatorio quedó en $770.800, bastante lejos del millón de pesos que había dejado flotando el gobernador Gildo Insfrán como meta. Ni siquiera se llega a los $880 mil que se insinuaban tras aumentos anteriores. La promesa, una vez más, se achica cuando toca convertirse en realidad.
Pero hay algo más que tampoco aparece en la agenda oficial. Ni hablar de beneficios concretos para quienes trabajaron toda su vida: no hay políticas visibles de descuentos amplios para consumo cotidiano, más allá de los medicamentos, ni programas que incentiven el acceso a bienes básicos o recreativos. Mucho menos planes turísticos accesibles que permitan a un jubilado viajar, conocer el país o simplemente salir de la rutina.
En otras palabras, no hay una política integral para la vejez: hay actividades.
El libreto oficial insiste en compararse con la Nación para salir mejor parado. Se repite que Formosa está mejor, que se paga en término, que hay aumentos. Todo cierto, pero también insuficiente. Porque el problema ya no es solo cuánto se cobra, sino cuánto alcanza y qué oportunidades reales existen más allá de sobrevivir.
Así, entre coreografías y discursos, se construye una escena donde los jubilados parecen estar contenidos. Aunque la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿se los está incluyendo de verdad o simplemente entreteniendo mientras el poder adquisitivo y las oportunidades se diluyen.


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