
¿Con la tuya? Gildo Insfrán, Tapia y San Martín de Formosa: sospechas de favores arbitrales, vinculos de poder y causas judiciales
leonardo fernández acosta
En Formosa, donde el Modelo Formoseño tiene respuesta para todo, desde una inauguración de cordón cuneta hasta la explicación de por qué llevamos décadas esperando salir del atraso, ahora podría aparecer una nueva especialidad de la gestión: conseguir que San Martín llegue a la Primera Nacional. Según publicó La Política Online, Gildo Insfrán estaría interesado en el ascenso del equipo formoseño y sus vínculos con la conducción de la AFA alimentarían las sospechas que recorren el fútbol del interior. No sabemos si el gobernador hace goles, si Tapia acomoda el fixture o si Toviggino tiene una pizarra táctica con los intereses políticos de las provincias. Lo que sí sabemos es que, cuando el fútbol se cruza con el poder, la pelota deja de ser la única que rueda. También empiezan a rodar las preguntas. Y en Formosa, preguntar por la plata siempre resulta bastante más incómodo que aplaudir un acto oficial.
El fútbol del interior está en pie de guerra por las presuntas ayudas arbitrales a San Martín, que llegó a las semifinales del Federal A y ahora se juega la posibilidad de dar el salto de categoría frente a Olimpo de Bahía Blanca. El episodio denunciado en Río Cuarto, donde un jugador del conjunto formoseño habría tocado ostensiblemente la pelota con la mano dentro de su propia área sin que el árbitro sancionara penal, alimentó las sospechas. Naturalmente, una jugada polémica no demuestra por sí sola que exista una operación para favorecer a un equipo. Pero cuando los cuestionamientos se acumulan, los dirigentes se mueven entre los despachos y los vínculos políticos aparecen en escena, la explicación de que todo es una simple casualidad empieza a necesitar bastante más que buena voluntad. Sobre todo en el fútbol argentino, esa república donde las reglas suelen ser iguales para todos hasta que llega el momento de aplicarlas.
En este capítulo aparece Claudio «Chiqui» Tapia, presidente de la AFA, y su hombre fuerte para el fútbol del interior, Pablo Toviggino, tesorero de la entidad. Dos nombres que conocen perfectamente el valor de las relaciones, la influencia dirigencial y el poder de administrar una estructura en la que los clubes dependen de decisiones que se toman mucho más lejos de sus tribunas que de sus vestuarios. Y ahí entra Gildo Insfrán, el gobernador que lleva décadas administrando Formosa como si el tiempo político fuera una propiedad privada y que, según la información publicada por La Política Online, tendría interés en que San Martín consiga el ascenso. No estamos afirmando que exista una orden para favorecer al club, porque para eso hacen falta pruebas. Estamos señalando algo bastante más elemental: si la política no tiene nada que ver con esta historia, sería saludable que los protagonistas se ocuparan de despejar las dudas en lugar de dejar que crezcan. Aunque, claro, la transparencia nunca fue precisamente el deporte favorito de quienes se acostumbraron a gobernar sin demasiadas preguntas.
¿Con la tuya?
Y aquí es donde la historia futbolera se pone verdaderamente interesante para los formoseños. Porque una cosa es tener un gobernador que se entusiasma con un equipo de su provincia y otra es descubrir que el entusiasmo político puede venir acompañado de recursos, gestiones y favores cuyo recorrido nadie se preocupa demasiado por explicar.El financiamiento de San Martín y el origen de los recursos que sostienen su campaña deportiva deben quedar expuestos con claridad, desde los aportes de socios y patrocinadores hasta cualquier subsidio, convenio, ayuda para infraestructura o contribución de organismos estatales, con montos, responsables y documentación que permita establecer si detrás de la ilusión del ascenso también hay dinero de los contribuyentes formoseños. No estamos diciendo que esos aportes existan ni que, de existir, sean ilegales. Estamos preguntando algo que debería resultar perfectamente normal en cualquier provincia que se tome en serio la administración de los recursos públicos.
Porque en Formosa hay una vieja costumbre: cuando el Estado pone dinero, la propaganda suele aparecer antes que la rendición de cuentas. Si se construye algo, el Modelo se atribuye la obra; si se organiza un acto, el Modelo celebra la convocatoria; si se entrega una ayuda, el Modelo se fotografía con el beneficiario. Y si un equipo de fútbol logra una hazaña, siempre existe la tentación de convertir el resultado en una medalla para el gobernante de turno. De ahí a que los contribuyentes terminen financiando, directa o indirectamente, una operación de prestigio político hay una distancia que solo puede aclararse con documentación. Porque una cosa es apoyar el deporte y otra muy diferente es utilizar recursos públicos para alimentar relaciones políticas o construir una vidriera electoral. El límite no lo establece el entusiasmo del gobernador, sino la legalidad, la finalidad del gasto y la obligación de rendir cuentas.
Sería maravilloso que San Martín ascendiera por el trabajo de sus jugadores, la capacidad de su cuerpo técnico y la inteligencia de sus dirigentes. Formosa necesita instituciones fuertes, deportistas que progresen y clubes capaces de competir sin depender de la bendición de ningún funcionario. Lo que no necesita es que el ascenso termine convertido en una especie de milagro administrativo cuya explicación haya que buscar en los pasillos de la AFA, en las agendas de los gobernadores o en las amistades de quienes manejan el fútbol argentino. Ya tenemos suficiente con un modelo provincial en el que demasiadas cosas parecen depender de quién conoce a quién, quién consigue hablar con quién y quién tiene el teléfono adecuado cuando las puertas se cierran para el resto.
Al modelo formoseño no le gusta perder
Hay algo especialmente irónico en esta historia. Mientras miles de formoseños hacen malabares para llegar a fin de mes, mientras los clubes barriales cuentan las monedas para pagar la luz, comprar pelotas o sostener las divisiones inferiores, aparece la sospecha de que un equipo con aspiraciones de ascenso podría beneficiarse de relaciones que otros no tienen. Los clubes pequeños conocen perfectamente lo que cuesta cada viaje, cada camiseta y cada partido. No tienen un gobernador a mano para llamar a un dirigente nacional ni una estructura política capaz de convertir una aspiración deportiva en asunto de interés institucional. Para ellos, el ascenso se trabaja en la cancha y se financia con un esfuerzo que rara vez merece una fotografía oficial.
Por eso, si el Gobierno provincial tiene alguna participación económica en San Martín, corresponde que se conozca. Si no tiene ninguna, que lo diga con claridad y permita verificarlo. Y si existen gestiones políticas ante la AFA, también sería interesante conocer su naturaleza. Porque el deporte no puede transformarse en una zona liberada para las relaciones entre dirigentes, mucho menos cuando las sospechas recaen sobre decisiones arbitrales que afectan la competencia. No alcanza con repetir que todo se define en el campo de juego si después nadie consigue explicar por qué algunas decisiones parecen tener una interpretación tan elástica como el reglamento en manos de determinados árbitros.
A esta altura, Gildo Insfrán podría encontrar en San Martín una oportunidad extraordinaria para demostrar que el Modelo Formoseño produce algo más que discursos, dependencia estatal y fotografías de inauguraciones. Pero para eso tendría que hacer algo revolucionario en la política provincial: mostrar los números, transparentar los vínculos y permitir que los ciudadanos sepan si existe dinero público involucrado. Una tarea que no debería representar ninguna dificultad para una administración que se presenta como ejemplo de gestión, salvo que la información sea bastante menos fotogénica que una celebración en el estadio.
Y si finalmente San Martín asciende, habrá que felicitar a los futbolistas por su esfuerzo, sin convertirlos en responsables de las sospechas que rodean a los dirigentes. Pero si el camino hacia la Primera Nacional queda marcado por decisiones arbitrales inexplicables, entonces la AFA deberá dar respuestas y garantizar que los próximos partidos se disputen sin privilegios. Lo mismo vale para cualquier eventual aporte estatal: cada peso deberá tener un origen identificable, una finalidad legítima y una rendición de cuentas.
Porque el verdadero problema no es que Gildo quiera ver a un equipo formoseño en la Primera Nacional. El problema sería que el sueño deportivo de una institución terminara convertido en otro emprendimiento de relaciones públicas del poder provincial. En Formosa ya conocemos el mecanismo: primero aparece el entusiasmo oficial, después llega la fotografía y, cuando alguien pregunta cuánto costó, el silencio se convierte en política de Estado.
Si San Martín asciende jugando al fútbol, Formosa tendrá un motivo legítimo para festejar. Si asciende con ayuda de los contactos, la fiesta será de los dirigentes. Y si además la cuenta termina pagándola el contribuyente, entonces el gol lo gritarán en el palco, pero la factura volverá a caer en la tribuna de siempre: la de los formoseños.


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