
Un changuito por mes: la cruel aritmética del salario público en Formosa
leonardo fernández acosta
En Formosa, llenar un changuito de supermercado cuesta $783.302. El sueldo promedio de un empleado público provincial ronda los $880.000. A primera vista y solo a primera vista, podría decirse que “alcanza”. Pero esa lectura es tan falsa como cruel. Porque al empleado público formoseño no le alcanza. En términos reales, jamás llena el changuito.
Para poder hacerlo debería gastar todo su sueldo completo únicamente en alimentos y bebidas. Todo. Sin dejar un peso para la luz, el agua, el transporte, el gas, el alquiler, los medicamentos, la escuela de los chicos o cualquier imprevisto mínimo de la vida cotidiana. Es decir: el changuito existe solo como hipótesis estadística. En la práctica, no ocurre.
El informe Changuito Federal de la consultora Analytica ubica a Formosa como una de las provincias “más baratas” del país, con un costo mensual de $783.302 para una familia tipo. Incluso muestra que en diciembre la suba fue de apenas 1,3%, la menor variación intermensual a nivel nacional. Pero ese dato, repetido como un logro, esconde el verdadero problema: los salarios son tan bajos que ni siquiera un changuito barato es accesible.
Mientras en la Patagonia los changuitos superan los $880.000, el impacto es menor porque los salarios son más altos. Allí, el gasto en alimentos representa el 15,6% del ingreso de dos salarios promedio. En el NEA, en cambio, la canasta se lleva el 29,1% de esos ingresos. No porque la comida sea un lujo, sino porque el sueldo es una condena.
En Formosa, entonces, el changuito no se llena: se recorta. Se reemplaza. Se achica. Se paga en cuotas. Se completa con fiado. Se arma con resignación y con culpa. El trabajador estatal no compra lo que necesita, compra lo que puede, y aun así queda en rojo.
Por eso, decir que el sueldo “alcanza para un changuito” es una falacia. Alcanza solo si no se paga nada más, y como eso es imposible, el resultado es simple: el changuito completo no existe en la vida real del empleado público formoseño.
La provincia podrá figurar como “la más barata” en los rankings nacionales. Lo que no puede ocultar es que también es una de las más castigadas cuando se mide el poder adquisitivo real. El changuito no miente. El sueldo tampoco. Y la heladera vacía es la única estadística que no necesita consultoras.


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