
Un acto sin el "feudal": cómo la negación de Insfrán desactivó el circo militante en El Pucu
leonardo fernández acosta
La reciente inauguración de la primera etapa del aeropuerto El Pucu en Formosa dejó en evidencia dos realidades contrapuestas: una mejora física parcial en las instalaciones aeroportuarias y un cambio significativo, aunque tal vez circunstancial, en el protocolo político habitual de la provincia.
Por primera vez en mucho tiempo, un acto oficial en Formosa se desarrolló sin la habitual puesta en escena militante: ausencia de traslado masivo de simpatizantes, ni bombos, ni banderas, ni la omnipresencia visual del gobernador Gildo Insfrán. Asistieron el vicegobernador Eber Solis y los ministros Daniel Malich y Julio Aráoz, quienes cumplieron con un rol protocolario sin explotar el evento con fines proselitistas. Esto, que debería ser lo normal en cualquier democracia, resulta notorio en un contexto provincial acostumbrado a la espectacularización política.
La ausencia del gobernador Insfrán es reveladora. Ante una obra de magnitud, su falta se interpreta como un reconocimiento tácito de que esta obra, impulsada por el gobierno nacional, contradice el relato oficialista provincial que suele insistir en la “ausencia total” de inversiones nacionales en Formosa. La política, una vez más, primó sobre la transparencia informativa.
Pero más allá del tono político, lo que no puede omitirse es la situación deficitaria que aún persiste en el aeropuerto. Resulta inaceptable que, en plena inauguración, los pasajeros del vuelo de Aerolíneas Argentinas hayan tenido que recoger sus valijas en una carpa de lona, en medio de empujones y sin las condiciones mínimas de orden y comodidad. Mientras el sector de check-in y preembarque se presenta moderno y espacioso, el área de llegadas sigue siendo precaria, lo que muestra una obra inconclusa y mal planificada.
Funcionarios provinciales como el defensor del pueblo, Leonardo Gialluca, han negado los problemas de seguridad e infraestructura, denuncias que merecen ser investigadas por la justicia federal para evitar que queden en meras disputas políticas locales. Sin embargo, en lugar de asumir responsabilidades, algunos funcionarios optan por culpar a la prensa de la desidia que por años ha sido evidente en El Pucu.
Esta dualidad, un acto político más sobrio, pero una obra pública aún deficiente, refleja un problema de fondo: la priorización de relatos políticos sobre las necesidades reales de la población. Los formoseños merecen un aeropuerto funcional y seguro, no solo actos inaugurales mediáticos ni silencios estratégicos.
La normalidad en el protocolo es un avance, pero no puede distraer de lo esencial: la obra debe completarse con estándares adecuados, garantizando dignidad y eficiencia para los usuarios. El gobierno provincial y el nacional deben coordinar esfuerzos reales, más allá de disputas narrativas, para que El Pucu sea un aeropuerto plenamente operativo y no un símbolo de promesas a medias.


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