
Formosa: cuando no hay segundo trabajo, no significa estabilidad, significa encierro económico
leonardo fernández acostaSi uno se queda solo con la superficie de los números, podría creer que Formosa es una especie de isla de estabilidad en medio del deterioro nacional. Apenas 2,6% de pluriempleo, apenas 5,2% de trabajadores que buscan otro ingreso. Cifras bajas, prolijas, casi envidiables frente a provincias como Tucumán o Mendoza donde la gente sale desesperadamente a buscar un segundo o tercer trabajo.
Pero esa lectura es, en el mejor de los casos, ingenua. Y en el peor, funcional al relato oficial.
Porque el problema en Formosa no es que la gente no necesite más ingresos. El problema es que directamente no tiene cómo salir a buscarlos.
En gran parte del país, el pluriempleo crece como síntoma de crisis: el salario no alcanza y la gente se rebusca. En Formosa, en cambio, la baja incidencia no refleja bienestar sino un mercado laboral cerrado, dependiente y con escasas alternativas fuera del Estado. Dicho de otra manera: no hay segundo trabajo porque muchas veces tampoco hay primero en condiciones reales de movilidad.
El dato de los “ocupados demandantes” refuerza esta idea. Que solo el 5,2% esté buscando otro empleo no habla de conformidad, sino de resignación estructural. ¿A dónde va a buscar trabajo un formoseño si el sector privado es mínimo, si la actividad productiva está asfixiada y si el empleo público sigue siendo el gran ordenador social?
Ahí es donde el número deja de ser un indicador económico y pasa a ser una radiografía política.
Mientras en otras provincias el pluriempleo expone el deterioro del poder adquisitivo, en Formosa lo que queda expuesto es algo más profundo: la falta de opciones. No hay “changas”, no hay mercado dinámico, no hay tejido productivo que absorba la necesidad de generar más ingresos. Lo que hay es dependencia.
Y esa dependencia tiene consecuencias concretas. Porque cuando el ingreso depende directa o indirectamente del Estado, también se condiciona la libertad: la de cambiar de trabajo, la de protestar, incluso la de votar.
Por eso, leer estos datos sin contexto es comprar un espejismo. Formosa no está mejor porque su gente no tenga que buscar otro empleo. Está más atrapada.
En un país donde el problema es que el sueldo no alcanza, en Formosa el problema es anterior: ni siquiera existe un sistema donde intentar compensarlo.


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