
El 25 de Mayo según el gildismo: patria, acarreo y demostración de poder
leonardo fernández acostaOtra vez la misma escena. Otra vez la misma postal del poder formoseño. Donde se mueve para apoyar a Insfrán, toda la maquinaria del acarreo político con fondos públicos y desvirtúa un acto patrio.
Las imágenes comenzaron a circular desde temprano. Videos enviados por oyentes muestran una fila interminable de colectivos ingresando hacia la ciudad de Formosa. Un convoy blanco, con franjas negras y rojas, avanzando por la ruta como si se tratara de un operativo logístico de gran escala. Algunos aseguran que pertenecen a empresas que trabajan en Chaco y Corrientes. Otros los vieron estacionados sobre calle Jujuy, cerca de la empresa Puerto Tirol. También aparecieron en el Circuito 5 y en Clorinda. Nadie explica oficialmente para qué están. Pero en Formosa todos entienden cómo funciona esto.
Porque el próximo 25 de mayo no será solamente un acto patrio.
Será, una vez más, la puesta en escena del “operativo clamor”. El ritual político del gildismo donde la Revolución de Mayo queda reducida a escenografía y el verdadero objetivo pasa a ser la reafirmación del liderazgo eterno de Gildo Insfrán frente al ruido político que provocó el proyecto de intervención federal impulsado en el Senado.
La ceremonia oficial comenzará a las nueve de la mañana en el mástil municipal, sobre la avenida San Martín. Habrá banderas argentinas, himno, autoridades, discursos protocolares y solemnidad institucional. Pero detrás de ese decorado llegará lo de siempre: colectivos repletos de militantes, empleados públicos movilizados, cooperativas obligadas a asistir, punteros organizando columnas y una ciudad tomada por el aparato partidario.
El problema no es solamente político. También es simbólico.
El 25 de Mayo debería ser una fecha de unión nacional, una jornada para recordar el nacimiento de la patria y el espíritu emancipador de 1810. Sin embargo, en el modelo formoseño las fechas patrias terminan absorbidas por la lógica del partido gobernante. La bandera argentina se mezcla con consignas partidarias. Los actos oficiales se convierten en demostraciones de fuerza del poder provincial. Y lo que debería representar a todos los argentinos termina funcionando como un acto exclusivo del PJ formoseño financiado por todos los contribuyentes.
Mientras tanto, la autovía de la Ruta 11 sigue inconclusa. Las obras eternas permanecen a medio hacer. Pero para movilizar miles de personas, el engranaje estatal aparece aceitado y eficiente.
Esa es quizá la síntesis más perfecta del modelo: lo que no se termina para el ciudadano común, sí se organiza rápidamente cuando se trata de blindar políticamente al poder.
Y así, otra vez, Formosa verá el desfile habitual. Colectivos entrando desde distintos puntos de la provincia. Calles colapsadas. El centro convertido en un gigantesco acto partidario. Militancia trasladada como parte de una coreografía ya conocida. Todo envuelto en estética patriótica, aunque el mensaje real sea otro: mostrar volumen político, exhibir obediencia y enviar una señal de respaldo al conductor.
En definitiva, la patria como escenografía y el aparato como protagonista principal.


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