
La democracia de la lista única: el gremialismo judicial como espejo del modelo de Insfrán
leonardo fernández acostaHay algo profundamente revelador en lo que ocurre dentro del gremio judicial de Formosa. Porque no se trata solamente de una elección sindical con lista única. Se trata de una radiografía perfecta del sistema político que Gildo Insfrán construyó durante décadas: ocupar todos los espacios, disciplinar cualquier foco de disidencia y después llamar “democracia” al silencio.
Ahí aparece Blanca Almirón, secretaria general de la UEJN en Formosa, convencional constituyente de la reforma constitucional gildista, dirigente alineada con el oficialismo provincial, beneficiaria de licencia gremial permanente y referente sindical con excelente relación con el Superior Tribunal de Justicia. La misma dirigente que salió a rechazar el pedido de intervención federal diciendo que “Formosa no se entrega, se defiende” y que hablar de intervenir la justicia provincial “trasgrede las normas constitucionales”.
La escena es casi perfecta en términos simbólicos. Porque quien habla de “atentado contra la democracia” encabeza hoy una lista única. Una elección sin competencia. Sin oposición. Sin alternativa. Exactamente el mismo formato político que el gildismo convirtió en norma dentro del PJ formoseño y que ahora se replica en estructuras sindicales, judiciales y sociales.
El mecanismo es conocido. Primero aparece un gremio paralelo como el de UEJN para desplazar a AJUFSA, el otro gremio más combativo. Después llega el reconocimiento institucional. Luego el respaldo político. Más tarde la simpatía del poder. Finalmente, el desplazamiento o la asfixia del sector más combativo. El resultado es siempre el mismo: una organización domesticada, funcional al poder y presentada públicamente como representación legítima de los trabajadores.
Eso pasó con el gremialismo judicial.
Mientras otros sectores mantenían posiciones más críticas frente al poder político y judicial, el espacio conducido por Almirón consiguió algo mucho más rentable: la bendición del sistema. Buena relación con ministros del Superior Tribunal. Reconocimiento institucional. Licencias gremiales. Centralidad. Y, finalmente, hegemonía.
No es casualidad. Es el método Insfrán aplicado al sindicalismo.
El gildismo no tolera estructuras autónomas. Necesita intermediarios políticos obedientes en cada rincón de la provincia: intendencias, centros estudiantiles, cooperativas, organizaciones sociales y también sindicatos. El objetivo nunca es solamente ganar. El objetivo es evitar que exista algo por fuera del control oficial.
Por eso el dato más importante no es que Blanca Almirón rechace la intervención federal. Eso era esperable. Lo verdaderamente importante es que lo haga desde un gremio donde ya no hay competencia interna. Desde una estructura que terminó reproduciendo exactamente la lógica que dice defender como democrática. Con la patronal que serían los mismos jefes que favorecerían con sus acordadas a Almirón, supuestamente jefa oficial superior de primera en la Sala Laboral N° 3 y con un sueldo de alrededor de tres millones de pesos.
Porque cuando una lista única se presenta como expresión de consenso en una provincia donde el poder político absorbe, condiciona o neutraliza cualquier oposición, lo que aparece no es fortaleza democrática. Aparece hegemonía.
Y ahí está la contradicción más brutal del discurso oficialista: hablan de pluralismo mientras vacían de competencia todos los espacios. Hablan de democracia mientras eliminan el conflicto político real. Hablan de representación mientras construyen estructuras cerradas donde solamente puede sobrevivir quien tiene la simpatía del poder.
En Formosa, hasta el gremialismo termina funcionando como una extensión administrativa del modelo político provincial.
Y quizás por eso la imagen de esta elección sindical sin adversarios resulta tan elocuente. Porque no hace falta un discurso de Gildo Insfrán para entender cómo opera el sistema. A veces alcanza con mirar una lista única y observar quiénes sonríen alrededor.


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