
El superávit de la dependencia: los números que celebra Insfrán y la realidad que pagan los formoseños
leonardo fernández acostaEl gobierno de Gildo Insfrán volvió a celebrar los números fiscales de Formosa. Esta vez, respaldado por un informe de la consultora Politicón Chaco elaborado sobre datos oficiales de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales y el INDEC, que muestra a la provincia como una de las pocas jurisdicciones argentinas que logró cerrar 2025 con superávit financiero.
Sobre el papel, los números parecen contundentes.
Formosa registró ingresos totales por 2,7 billones de pesos, con un crecimiento real interanual del 12,5%, el segundo más alto del país detrás de Santiago del Estero. Al mismo tiempo, el gasto provincial alcanzó los 2,75 billones de pesos, con una expansión real del 14,3%, una de las mayores de la Argentina.
El resultado primario cerró con un superávit de 36.050 millones de pesos, equivalente al 1,3% de los ingresos totales, mientras que el resultado financiero arrojó un saldo positivo de 34.308 millones de pesos, equivalente al 1,2% de los ingresos.
El oficialismo presenta estos números como una demostración de eficiencia administrativa.
Sin embargo, una lectura más profunda del mismo informe permite llegar a conclusiones muy diferentes.
El dato más importante no es el superávit. El dato más importante es que Formosa continúa siendo una de las provincias más dependientes de los recursos nacionales de toda la Argentina.
Según el propio estudio, los ingresos propios representan apenas el 25,1% de los recursos totales de la provincia. La conclusión es sencilla: aproximadamente tres de cada cuatro pesos que ingresan al Estado formoseño no son generados por la economía provincial, sino que provienen de la coparticipación federal y de otras transferencias nacionales.
Es decir, mientras el discurso oficial suele presentar a Formosa como un modelo de autonomía y fortaleza financiera, la realidad muestra que alrededor del 75% de sus ingresos dependen de fondos generados fuera de la provincia.
No es casualidad que el único distrito que superó a Formosa en crecimiento de ingresos haya sido Santiago del Estero, otra provincia históricamente caracterizada por una fuerte dependencia de los recursos nacionales.
El merito más apreciable es mostrar un crédito fiscal provincial cuando en realidad la mayor parte de los recursos viene de Nación.
Pero hay otro aspecto que merece atención.
El informe destaca el crecimiento de los recursos tributarios provinciales. Sin embargo, ese aumento no ocurrió en el vacío. Durante los últimos años, empresarios, comerciantes y profesionales denunciaron fuertes incrementos en la carga tributaria provincial, particularmente en Ingresos Brutos y otros conceptos administrados por la actual Administración Tributaria Provincial.
En numerosos casos, los aumentos denunciados alcanzaron niveles extraordinarios, con saltos que oscilaron entre el 1.000% y el 3.000%, trasladando sobre el sector privado buena parte del esfuerzo recaudatorio.
Mientras tanto, el sector privado formoseño continúa siendo uno de los más pequeños y débiles del país, condicionado por una economía donde el Estado sigue ocupando un papel dominante.
La otra cara de esta historia son los trabajadores.
Mientras Insfrán cuestiona públicamente las políticas de ajuste impulsadas por el presidente Javier Milei, en Formosa se desarrolló un proceso silencioso de reducción de personal y desvinculaciones en distintas áreas estatales.
Los casos más conocidos se produjeron en el sistema de salud y en la actual Administración Tributaria Provincial, donde numerosos trabajadores quedaron fuera de la estructura estatal.
La contradicción es evidente.
El gobierno provincial denuncia los recortes nacionales, pero al mismo tiempo sostiene sus propios números fiscales mediante medidas que implican menos personal, mayor presión tributaria y salarios que continúan perdiendo capacidad adquisitiva.
Los datos del informe muestran además que el gasto en personal representó el 40,2% del gasto total, por debajo del promedio consolidado nacional. A primera vista puede parecer una señal de eficiencia. Pero también puede interpretarse como el reflejo de una política salarial que mantiene remuneraciones considerablemente retrasadas respecto de otras provincias.
Porque las cuentas públicas pueden mostrar equilibrio mientras los salarios permanecen deprimidos.
El problema es que los balances fiscales no reflejan necesariamente la calidad de vida de los ciudadanos.
Tampoco reflejan la situación de los hospitales que enfrentan faltantes de insumos, ni las dificultades de los trabajadores estatales para llegar a fin de mes, ni la asfixia que denuncian muchos pequeños comerciantes frente a una presión impositiva creciente.
Por eso, el verdadero debate no debería limitarse a celebrar un superávit de 34.308 millones de pesos.
La pregunta de fondo es cómo se construyó ese resultado.
Si el equilibrio fiscal se sostiene con una provincia donde apenas el 25,1% de los ingresos son propios, donde alrededor del 75% depende de recursos nacionales, donde la presión tributaria aumenta y donde los salarios continúan rezagados, entonces quizás los números sean menos impresionantes de lo que la propaganda oficial pretende mostrar.
Las cuentas pueden cerrar. Lo que sigue sin cerrar es la realidad de miles de formoseños.


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