
La Catedral del Relato: Insfrán canoniza su sistema de salud mientras la realidad espera turno
leonardo fernández acosta
En un acto que pretendía celebrar la inauguración de un centro de salud en la localidad de Lucio V. Mansilla, el gobernador Gildo Insfrán volvió a utilizar la liturgia del micrófono no para gobernar, sino para predicar. Desde el atril de lo público, montó una homilía política que osciló entre el adoctrinamiento emocional y la exhumación de viejos fantasmas nacionales.
El edificio era un centro de salud, pero él lo rebautizó con pompa: “Nada menos que para dejar inaugurado un edificio más de la Catedral de la Salud”. Una declaración tan grandilocuente como vacía. En Formosa, el cemento se vuelve teología.
El discurso de más de diez minutos estuvo cargado de lugares comunes, retórica peronista de manual y una victimización casi religiosa frente al gobierno nacional. Insfrán habló de “momentos difíciles que estamos viviendo los argentinos”, pero rápidamente desvió el foco: como un pastor de la causa formoseña, enumeró supuestos pecados ajenos: “Cerraron hospitales”, “quieren cerrar el INTA”, “dejaron sin trabajo a muchos argentinos”.
Nada nuevo bajo su sol de relato. Para él, la salud pública empieza y termina en Formosa, y “la verdadera salud empieza en estos lugares, en los centros de salud, en la escuela”. Lo que suena bien, pero no resiste el archivo: su provincia tiene algunos de los peores indicadores de pobreza estructural del país. ¿La Catedral de la Salud? Más bien un monumento a la ficción política. Formosa importa médicos extranjeros por el éxodo de locales.
El gobernador también desplegó su clásica artillería contra la meritocracia, “ni ellos saben de qué son” y se permitió un paseo por el revisionismo histórico, mencionando la hidrovía, la Vuelta de Obligado, y cómo los ingleses venían a vendernos cosas. En su mundo, Vaca Muerta no es una oportunidad energética sino un pecado neoliberal: “¿Qué están haciendo? ¿Dónde está el proyecto productivo de ese Estado?”. Pregunta que, irónicamente, podría hacérsele a él mismo tras más de 25 años de gestión.
Pero el clímax de la homilía llegó cuando volvió a su fetiche: el Estado. Se indignó porque el presidente Milei a quien tildó de “anarcocapitalista” y “dañino”, dijo que vino a destruirlo. “¿Qué nación existe sin Estado?”, bramó Insfrán, mientras gestiona una provincia donde el Estado es todo, incluso demasiado. Donde sin el Estado, no hay empleo, no hay prensa libre, no hay oposición real. Y donde el “déficit cero” se proclama con tono heroico, aunque Formosa sea una de las provincias más dependientes del Tesoro Nacional.
Como cierre, lanzó una frase que resume su estilo: “Formoseño nace donde quiere, pero para ser formoseño se necesita una sola cosa: amar a Formosa”. La confusión entre patria y patrón, entre provincia y feudo, entre política y dogma, quedó expuesta como nunca.
Lo que el gobernador presentó como un acto institucional fue, en realidad, otro acto de propaganda con fondos públicos. No hubo explicaciones de gestión ni datos sanitarios concretos. Solo una oración reiterada y cínica: “Vamos a seguir luchando, vamos a seguir peleando”. En definitiva mientras siga recibiendo fondos nacionales seguirá "Resistiendo" a todo lujo, mientras la pobreza cuativa aplaude puertas afuera.


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