
La interna libertaria desnuda la ficción: en Formosa manda el territorio, no el sello
leonardo fernández acosta
La política formoseña atraviesa un momento decisivo y, al mismo tiempo, disruptivo. En un escenario de incertidumbre, con la oposición dividida entre una UCR debilitada y una Libertad Avanza (LLA) con una evidente crisis de poder, este domingo se conocerán los nombres de quienes intentarán representar a la alternativa frente al aparato de Gildo Insfrán en las elecciones de octubre.
La paradoja es evidente: mientras la UCR apenas logra mantener encendida una vela dentro de un partido tomado desde hace décadas por amigos y parientes, carente de entusiasmo militante, el verdadero laberinto se da en el espacio libertario. Allí, el problema no es la falta de candidatos, sino la ausencia de liderazgo real.
El espejismo libertario
Libertad Avanza en Formosa se construyó al revés: dirigentes sin trayectoria, convocados de la noche a la mañana por el arrastre de Javier Milei, ocuparon cargos nacionales gracias a la dádiva y la improvisación.
Esteban López Tozzi, presidente formal del partido, nunca tuvo poder territorial ni ascendencia política. Fue un beneficiario más de las designaciones digitadas por el diputado Gerardo González y su operadora Patricia García, quienes llenaron las oficinas públicas de parientes y conocidos, como si se tratara de un botín a repartir y no de un proyecto político.
El problema de este esquema es obvio: la política no se improvisa con sellos de goma ni con funcionarios advenedizos que confunden militancia con gestión de favores. La incapacidad de González —bautizado “Quini Seis” por su improbable llegada al Congreso (1 en 9 millones)— terminó dejando a Tozzi sin paraguas y a merced del fundamentalismo de Karina Milei y de sus operadores nacionales. Fue entonces cuando empezaron a pesar más los nombres que sí tienen territorio: Atilio Basualdo, Francisco Paoltroni y Gabriela Neme.
El poder detrás del telón
La foto es clara: mientras Tozzi recita libretos en radios amigas y se muestra obsecuente con el gobierno nacional, los verdaderos armadores juegan otra liga. Basualdo, intendente que supo ser una pieza clave del gildismo y hoy busca capitalizar su ruptura, aparece como el candidato con más chances de encabezar la lista a diputados nacionales. Lo secundaría Marión Rodríguez, un premio consuelo para el desgastado armado de González.
Lo que debería preocupar al libertarismo es que, en este esquema, la presidencia del partido queda como una formalidad sin sustancia. Un presidente que no decide, que no ordena, que no arbitra, no es presidente: es apenas un administrador de sellos. La política real se decide en otro lado, en mesas paralelas, con dirigentes que sí saben caminar el territorio y que no temen desafiar las órdenes que bajan desde Buenos Aires.
Un ejemplo cristalino fue el retiro de los convencionales de la Constituyente: Tozzi aseguró que la decisión venía de la conducción nacional. Pero la convencional Sofía Fridman lo desmintió en público y con claridad quirúrgica: “No somos mandados por Buenos Aires. Somos profesionales, adultos y cuidamos nuestro prestigio”. Una declaración que dejó expuesto el vacío de autoridad y la distancia entre el relato oficial y la realidad política en Formosa.
La factura pendiente
La política es un terreno cruel para quienes creen que el liderazgo se construye con cargos y no con votos. Y hoy LLA en Formosa paga esa factura: tiene dirigentes sin base militante, sin territorio, sin capacidad de imponer decisiones, que intentan esconder su debilidad detrás de comunicados y declaraciones radiales.
El contraste con Basualdo, Neme o Paoltroni es brutal. Todos, con estilos distintos, han demostrado algo que Tozzi nunca tuvo: capacidad para moverse en la arena política, negociar, incomodar al oficialismo y, sobre todo, convocar a sectores sociales más allá de las estructuras partidarias. Esa diferencia de carácter empieza a generar roces que, inevitablemente, se transformarán en un choque de poderes.
La obsecuencia de Tozzi hacia el gobierno nacional, su miedo a perder todo por no tener nada propio, lo ha convertido en un dirigente irrelevante. Y en política, la irrelevancia se paga con marginación.
El desenlace inevitable
Si finalmente Basualdo encabeza la lista a diputados nacionales, la reestructuración de toda la conducción libertaria será inevitable. No hay partido que sobreviva con una conducción nominal y un poder real paralelo. El vacío en la presidencia se volverá insostenible.
Y la política no perdona ingenuidades: nadie con votos propios, recursos y territorio se somete a un dirigente que solo tiene discursos prestados. Al contrario, lo desplaza. En Formosa ya se empieza a notar: mientras Basualdo y Paoltroni aparecen como actores en el terreno, Tozzi sigue atrapado en la radiofonía del aplauso fácil.
El espejo de la oposición
En definitiva, LLA en Formosa enfrenta el mismo dilema que la oposición en su conjunto: la falta de liderazgo auténtico. La UCR sigue atrapada en su nostalgia, incapaz de ofrecer un candidato que convoque más allá de sus afiliados, y el libertarismo local juega a dos puntas, entre el seguidismo a Buenos Aires y los acuerdos con viejos caudillos del PJ.
El resultado es un espacio opositor dividido, sin brújula y sin garantías de convertirse en una alternativa real al poder de Insfrán. El oficialismo observa, tranquilo, cómo los opositores se desgarran entre sí, confirmando que la principal fortaleza del gildismo no es su estructura, sino la debilidad ajena.
La política no perdona la debilidad. Y en Formosa, quienes no construyan poder propio terminarán devorados, como siempre, por quienes sí lo tienen.


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