
Pozo del Maza: sin agua, sin cloacas, sin internet pero con fidelidad ciega al modelo formoseño
leonardo fernández acosta
En Pozo del Maza, una de las localidades más olvidadas de la provincia de Formosa, la dignidad se mide por pozos ciegos, caminos de tierra y agua acarreada en bidones. No hay cloacas, la electricidad llega a medias y la conectividad digital es un espejismo. Pero todo eso parece secundario para su intendente, Adolfo Pérez, quien acaba de regalar al archivo político una joya del realismo mágico: una declaración de amor incondicional al “modelo formoseño”.
“El Gobierno de la Provincia siempre trabaja en equipo con las Intendencias asegurándose de que todos los formoseños puedan vivir dignamente y progresar, vivan donde vivan”, afirmó Pérez, con una seriedad tan conmovedora como insultante.
Si hay algo que no se ve es dignidad en la manera en que viven en Pozo de Maza, donde más del 60% de la población vive bajo la línea de pobreza, el acceso al agua potable es limitado y la salud pública se reduce a un Centro de Salud sin médicos permanentes. La deserción escolar es altísima, el desempleo ronda el 50% y los jóvenes huyen a ciudades mayores en busca de oportunidades que no encuentran en su pueblo.
Pero mientras los vecinos luchan por sostenerse en el día a día, su intendente declara con entusiasmo: “El voto será para quienes defiendan el modelo formoseño”, alineado con el gobernador Insfrán como si Pozo del Maza fuera Suiza y no una de las postales del abandono provincial.
El delirio no termina ahí. Pérez se despacha contra el Gobierno Nacional, acusándolo de “traer recorte y miseria”, y defiende con fervor la “justicia social” del gobernador que no puede garantizar ni una escuela secundaria cercana ni un acceso digno a la salud. Los pobladores deben hacer dos horas de viaje hasta el Hospital de Laguna Yema ante un eventual caso médico que necesite más que primeros auxilios y de ahí sin lugar a dudas si la cuestión se agrava con casi 400 kilómetros hasta los hospitales de la ciudad de Formosa de mayor complejidad.
Pero la política en Formosa premia al dirigente sumiso aunque su pueblo camine entre el barro, se castiga al que denuncia carencias aunque tenga razón, y se compra el silencio con contratos, promesas vacías y favores eternos.
Pozo del Maza no necesita discursos, necesita agua corriente, cloacas, internet, médicos, caminos y escuelas. Pero por ahora, lo que tiene es un intendente que se conforma con aplaudir de pie mientras sus vecinos esperan en silencio un milagro o una elección menos fraudulenta. El drama formoseño no es solo la pobreza estructural: es la obscenidad del relato oficial disfrazado de justicia social, mientras miles sobreviven con lo justo y lo poco.
Porque si esto es “vivir dignamente”, como dice Adolfo Pérez, la dignidad en Pozo del Maza debe estar enterrada en algún pozo a varios metros bajo la desidia y el abandono total.


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