
El insoportable olor de la negligencia: siete días sin hallar a una menor, 24 horas para resolver un caso de grooming
leonardo fernández acosta
La aparición de un cuerpo en avanzado estado de descomposición en un descampado del barrio Procrear no trajo alivio ni certezas: trajo preguntas. Preguntas incómodas, inevitables y profundamente reveladoras de todo lo que no funcionó en la previa. En una provincia movilizada por la desaparición de una menor, donde se hablaba de “operativos intensos”, “rastillajes permanentes” y “participación ciudadana”, fue finalmente un vecino —alertado por el olor nauseabundo— quien encontró lo que la propia policía no vio. Esa sola escena resume la falla estructural del Estado.
Porque si el cuerpo llevaba días allí, como admite el propio parte policial, ¿cómo puede sostenerse el relato de que la zona fue revisada una y otra vez? ¿Cómo encaja la idea de una búsqueda “masiva” con un cadáver dentro de una bolsa gigante, abandonado a la vista, detectado solo cuando el olor se volvió insoportable? Lo que indica el estado de descomposición no es solo el tiempo transcurrido: revela el tiempo perdido. Y ese tiempo pesa, duele y compromete.
A la falta de eficacia se suma la falta de transparencia. Ni la Policía ni el Juez de Instrucción y Correccional N° 4, Dr. Marcelo Picabea, ofrecieron información certera en el momento más sensible de la busqueda y siguen sin hacerlo, mientras la sociedad se desesperaba por saber dónde estaba Xiomara.
La familia se movió en un vacío institucional intolerable: sin datos, sin señales, sin acompañamiento. Su abogado, Mario Ojer, fue quien debió salir públicamente a explicar lo que las autoridades no explicaron. Y ahora, frente al hallazgo, tampoco encuentran claridad. Abogado que por su parte, cada dos frases destacaba el profesional desempeño de la policía de la provincia de Formosa. Los hechos no se corresponden con lo que empieza a suceder.
Ni pertenencias reconocibles, ni evidencias preliminares, ni un indicio firme que permita saber si el cuerpo hallado corresponde a la joven. Solo silencio y un pedido de “esperar 48 horas más” para que los estudios científicos hablen donde las instituciones callaron. 48 horas que seguramente se volverán muchos más días.
La escena del hallazgo tampoco ayuda a recuperar confianza. Demasiados actores, demasiadas manos, demasiada circulación en un sitio que debería haberse preservado con extremo rigor. Un cuerpo metido en una bolsa de obra exige respuestas inmediatas sobre quién lo dejó, cuándo y cómo no fue detectado antes. Aun así, la Jueza de Menores, Dra. Silvana Jarsinsky, junto a las fiscales Natalia Tafetani y Julieta Alucin, parecen más ocupadas en huir del lugar de los procedimientos que en explicar que pudieron encontrar.
El mismo juez del caso Xiomara interviene en un caso de grooming
Y es justamente ahí, en la tensión entre el relato oficial y la realidad evidente, donde ocurre algo llamativo: mientras la sociedad se desgarra ante un operativo de búsqueda que fracasó de manera grotesca, la Policía de Formosa publica —casi en simultáneo— un extenso comunicado anunciando la aprehensión de una mujer por grooming. Un texto prolijo, detallado, con divisiones especiales, cronología procesal, recomendaciones de prevención, y hasta un repaso pedagógico sobre la gravedad del delito.
La coincidencia no sería problemática si la misma institución que difunde con eficiencia quirúrgica un operativo de cibercrimen no hubiera sido incapaz de detectar un cuerpo a cielo abierto en una zona supuestamente rastrillada y con probables o terribles similitudes en un giro de la causa Xiomara.
Si no fuera porque el mismo Juzgado de Instrucción y Correccional N° 4 que ordena con rapidez una detención por grooming es el que, en el caso de Xiomara, no logró ofrecer una información mínima, básica y humana. Si no fuera porque mientras se secuestra un teléfono con protocolos exhibidos como trofeo, la escena de un posible femicidio aparece contaminada desde el minuto uno y con dudas interminables.
La contradicción es brutal: un Estado que muestra músculo cuando el caso no incomoda al poder, pero que tartamudea, improvisa y se paraliza cuando está en juego la vida de una adolescente desaparecida. Un Estado que comunica impecablemente lo accesorio mientras naufraga en lo esencial.
Tres allanamientos, personas demoradas, elementos secuestrado pero ningún detenido. Una estructura estatal enorme para desplegar un show operativo, pero pequeña para ofrecer certezas concretas. Una provincia llena de policías en las calles, pero sin una respuesta clara para una familia que solo pide saber la verdad.
El hallazgo del cuerpo no cierra nada. Abre todo. Abre la duda sobre la eficacia real de los rastrillajes. Abre la sospecha sobre posibles ocultamientos. Abre el debate sobre la actuación judicial. Abre el dolor de una familia que, incluso frente a lo peor, no puede tener una confirmación básica: saber si es su hija.
Mientras tanto, en el mismo ecosistema comunicacional, la Policía logra mostrar eficiencia únicamente en operativos que no cuestionan su desempeño previo. Una postal perfecta del Formosa real: allí donde debería haber respuestas, hay silencio; allí donde debería haber acciones serias, hay inconsistencias; y allí donde debería haber un Estado presente, aparece apenas un comunicado prolijo para tapar, aunque sea por unas horas, el olor insoportable de la negligencia.


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