
La UCR volvió a ser lo que nunca dejó de ser: socia del gildismo y verduga del voto opositor
leonardo fernández acosta
Como en una escena de "Walking Dead", Ricardo Buryaile volvió a escena. Pero no para defender la democracia, ni para denunciar el régimen feudal de Gildo Insfrán. Todo lo contrario: reapareció en varias radios oficialistas para cargar contra Gabriela Neme, una diputada opositora que, como tantas veces, rompió los acuerdos de silencio. En sus intervenciones, Buryaile se mostró alineado, sin disimulo, con operadores del gildismo como el diputado Armando Cabrera o la infaltable Blanca Denis.
“Me sacaron una foto con Blanca Denis”, se excusó, como si el verdadero problema fuera la estigmatización, y no el pacto implícito que su sector selló con el poder para imponer a su pareja, Carla Zaiser, como legisladora.
La jugada fue tan burda como eficaz: la Unión Cívica Radical volvió a su rol histórico en Formosa. El de cómplice del gildismo. El de una fuerza que simula confrontar, pero actúa como socia menor. Que se rasga las vestiduras en los medios, pero negocia en los pasillos. Que festeja la obtención de una banca obtenida no por mérito ni legitimidad, sino por una trampa institucional descarada.
El radicalismo, otra vez funcional al poder
Pese al castigo electoral, que los dejó por primera vez sin concejales en la ciudad capital, la UCR local no aprendió nada. Conserva la lógica de casta, la de un partido convertido en club cerrado, en un feudo familiar. Los fiscales generales de la UCR actuaron en total sintonía con los del PJ, aceptando sin chistar los mecanismos que perjudicaron a Neme.
No se trató de una diferencia de criterios ni de un malentendido legal. Fue una operación calculada para que Carla Zaiser entrara, aunque fuera con 7000 votos. Y para que Neme quedara afuera, aunque haya cosechado más de 19000 votos. En Formosa, lo justo no siempre es legal. Y lo legal, muchas veces, se escribe con letra chica en beneficio de unos pocos.
Un sistema perverso diseñado para excluir
La exclusión de Neme no es una excepción. Es la regla de un sistema diseñado para traicionar el sentido del voto. La combinación entre la Ley de Lemas y el método D’Hondt permite que una candidata con miles de votos quede fuera, mientras otros con menos apoyo entren por ser parte del sublema correcto.
Pero hay algo peor: el Tribunal Electoral Provincial, abiertamente subordinado al gildismo, habría inventado un piso mínimo de 20000 votos para acceder a una banca. Una barrera inexistente en la ley, impuesta por resolución interna, de manera arbitraria. Y Neme quedó afuera por esa barrera discrecional.
Neme, sola contra todos
Gabriela Neme molesta. No solo al oficialismo, que la ve como una amenaza por su exposición mediática, su discurso duro y su voluntad de incomodar. También molesta a quienes, desde la oposición, le deben su lugar a su arrastre en las urnas. Muchos de ellos no existirían políticamente sin la visibilidad que Neme generó. Pero, ahora que están adentro, prefieren que ella quede afuera.
El personalismo de Neme incomoda. Su protagonismo irrita. Su voz no se calla. Y eso, en la lógica de la política formoseña, la convierte en un objetivo a eliminar. Por eso, su exclusión no es casualidad. Es estrategia.
Voto de cartón, democracia de papel
En Formosa, los ciudadanos votan, pero no eligen. El sistema decide por ellos. Los votos se redireccionan. Se anulan. Se reinterpretan. Se filtran con pisos fantasmas. Se usan para inflar a los sumisos y descartar a los rebeldes.
Lo que Neme exige no es un favor. Es lo básico: que se respete la voluntad popular. Que los votos valgan lo que valen. Que las reglas no se inventen sobre la marcha. Que la banca la ocupe quien la ganó. Si eso no ocurre, y no ocurrió, entonces ya no estamos hablando de una elección. Estamos hablando de una simulación democrática, legitimada por pactos entre quienes deberían representar lo contrario.
Y en ese esquema, la UCR formoseña acaba de sellar su destino: el de un partido que, en lugar de representar a la oposición, la sabotea desde adentro.


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