
Mayans: dos décadas en el Senado, cero aportes a la política, vulgar y un máster en ridículos públicos
leonardo fernández acosta
Si hubiera un premio al senador más incapaz de la historia reciente, Formosa tendría asegurada la estatuilla. Porque sólo en esta provincia feudal puede sostenerse, durante más de dos décadas, un representante como José Mayans: un hombre que jamás deslumbró por su oratoria, que confunde datos básicos, que exhibe una precariedad intelectual alarmante y, sin embargo, preside —¡insólitamente!— el bloque kirchnerista en el Senado de la Nación o todo lo contrario, representa la real decadencia de este espacio.
El episodio más reciente pinta de cuerpo entero su mediocridad. En pleno debate en la Cámara Alta, Mayans no encontró mejor forma de responder a un comentario irónico de Virginia Gallardo que insultarla con adjetivos propios de una sobremesa de cantina: “tonta” y “estúpida”. Sí, el senador que debería velar por la institucionalidad terminó embarrado en un cruce de chismes con una actriz-candidata, confirmando que su brújula política se orienta más hacia la farándula que hacia los problemas reales del país y el pasivo con los ciudadanos sigue aumentando por que nunca trabajó en beneficio del país.
Lo tragicómico es que, en su afán de desacreditar a Gallardo, terminó dándole la razón. Negó con furia que un senador cobre 10 millones de pesos, cuando, gracias a la actualización automática aprobada este año, la dieta de un miembro de la Cámara Alta superará justamente esa cifra antes de fin de año. Mayans, en vez de aclarar, oscurece; en vez de informar, desinforma; en vez de elevar el debate, lo rebaja a la altura de un sketch televisivo de baja calidad.
¿Y quién paga este circo? El pueblo formoseño, todos los argentinos claro. Esos que ven cómo, elección tras elección, se reciclan los mismos nombres, los mismos apellidos, los mismos rostros de yeso que no saben ni dónde están parados. Mayans es el símbolo de esa decadencia institucional: un senador eterno, blindado por la maquinaria electoral de Gildo Insfrán, que se permite hablar de política con la misma ligereza con que un comentarista de espectáculos discute romances en la televisión.
Gallardo, con un par de posteos en redes sociales, lo dejó expuesto: el senador ni siquiera entendió que ella es candidata a Diputada y no a Senadora. Un detalle menor para cualquiera, pero un papelón monumental para quien, se supone, lidera el bloque oficialista en la Cámara Alta.
La foto es clara: mientras los sueldos de los legisladores se disparan por encima de los 10 millones de pesos, el senador Mayans se dedica a intercambiar insultos con figuras mediáticas. La falta de capacidad es tan evidente que casi se vuelve ofensiva para la inteligencia de los ciudadanos.
Formosa vuelve a dar la nota: un senador incapaz, vulgar y desubicado, sentado en una banca que debería ocupar alguien con preparación, ideas y visión de país. Pero no. En la tierra donde la democracia funciona como franquicia de un solo hombre, lo único que florece es la mediocridad. Y Mayans es la prueba viva de ello: un senador de cartón, vergonzoso, que hace más de veinte años se dedica a degradar la política argentina.


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