
La hipocresía sin filtros de José Mayans: cuando el cinismo se convierte en doctrina política
leonardo fernández acosta
José Mayans no defrauda: cada vez que abre la boca en el Senado, deja en evidencia el desparpajo con el que el oficialismo formoseño miente, manipula y desprecia al pueblo al que dice representar. Su intervención del 10 de julio no fue la excepción, sino más bien una síntesis brutal del cinismo político con el que opera el gildismo en la provincia.
"Quédense tranquilos, hay muchos fiscales de la Nación que están actuando de oficio", dijo burlándose de la falta de acción de la justicia, entre sonrisas, se sumó la senadora Mariana Di Tullio. Una ironía venenosa que contrasta con la realidad de su propia provincia, donde los fiscales jamás actúan de oficio cuando se trata de investigar corrupción oficial o violencia institucional, pero están siempre dispuestos a perseguir opositores, inventar causas judiciales y hostigar a periodistas críticos.
Mayans también tuvo tiempo para disparar contra Federico Sturzenegger, a quien calificó de "bárbaro" por hablar de pasar la motosierra a los gobernadores "gastadores compulsivos". Pero omitió que su jefe político, Gildo Insfrán, aplicó un brutal ajuste en Formosa el año pasado echando a miles de empleados públicos precarizados que sobrevivían con contratos basura. Claro la motosierra Insfrán jamás tendría la crítica del senador empleado del mes.
Luego vino su defensa del aparato estatal formoseño. “De 700 mil habitantes tenemos 50 mil empleados públicos. La mitad son docentes”, recitó como si estuviera describiendo un oasis de institucionalidad. Pero en su relato no hay lugar para la verdad incómoda: las más de 700 cooperativas creadas por el gobierno para encubrir empleo en negro, disfrazadas de inclusión laboral pero en realidad diseñadas para garantizar militancia obligada, control social y sometimiento. Una maquinaria clientelar que deja sin sustento a quien no se somete.
Y por supuesto, no podía faltar el autobombo. “En los últimos 30 días, mi gobernador inauguró más de 30 obras”, alardeó, comparando a Insfrán con un presidente que –según él– no hizo nada. Entre esas “obras”, mencionó con énfasis “El hospital de la madre y el niño más moderno del país”. Se refería al Hospital de la Madre y la Mujer, una mole de hormigón con más custodia policial que médicos, sin servicios de internación, sin guardias clínicas, sin pediatras, sin cirugías, sin anestesistas, sin sentido. Un edificio vacío, sin vida ni salud, que solo sirvió como millonaria escenografía de campaña. Nunca la acción de cortar cintas en una industria, una empresa, un emprendimiento privado, un pequeño kiosco, nada.
Pero el delirio no termina ahí. “El 70% de los formoseños apuestan a este esquema”, aseguró, ignorando que Formosa tiene más del 60% de pobres, que el 80% del presupuesto se financia con fondos nacionales, y que la única apuesta que se juega en la provincia es la del sometimiento, sin libertad ni alternancia democrática.
Más adelante, atacó al periodismo independiente, diferenciando entre quienes “trabajan de periodistas” y quienes “operan”. Eso sí, sin mencionar que el propio gobierno provincial sostiene una subsecretaría de comunicaciones que opera con dos canales estatales y más de 100 radios pautadas, cuya única misión es repetir el catecismo gildista y perseguir voces disidentes.
Finalmente, defendió los pedidos de los gobernadores por fondos como los ATN y el impuesto a los combustibles líquidos, advirtiendo que “después de octubre se viene lo que se viene”. Una forma elegante de decir que necesitan la plata ahora para sostener el aparato antes de una elección que temen perder. No por convicción democrática, sino porque saben que se les agota el negocio, sobre todo a Insfrán que vive de la plata de todos los argentinos con la principal industria cultural que es una provincia mendicante.


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