
Mayans y la república de cartón: el mayordomo de Insfrán ahora juega al institucionalista
leonardo fernández acosta
En una escena digna del teatro del absurdo, el senador formoseño José Mayans volvió a ocupar micrófonos para advertir que el presidente Javier Milei "no cree en la división de poderes". Que ningunea al Congreso. Que humilla a la vicepresidenta. Que gobierna como si esto fuera un régimen de facto.
Lo dice, sin pestañear, un hombre que lleva más de dos décadas ocupando bancas gracias a un sistema feudal donde la división de poderes no existe, donde la justicia es un apéndice del Ejecutivo y donde las elecciones son apenas un trámite para legitimar el poder eterno de Gildo Insfrán.
Sí: José Mayans, pieza clave del modelo formoseño de control absoluto, se da el lujo de denunciar autoritarismo en nombre de una república que su propio espacio político pulverizó hace más de treinta años en su provincia natal.
Mayans acusa a Milei de cerrar el Senado, de hacer “shows”, de insultar, de amenazar. Pero guarda silencio absoluto sobre la Legislatura unicameral de Formosa, donde el gildismo tiene 30 de las 30 bancas del bloque mayoritario. Donde se aprueban leyes a libro cerrado, donde no hay disidencia posible, y donde la oposición, que existe de a ratos, es perseguida, hostigada o cooptada.
Habla de pobreza, de jubilados hambreados, de salarios destruidos. Pero en Formosa los jubilados cobran una jubilación promedio por debajo de la línea de la pobreza, sin detallar que la mayor parte de los jóvenes no tienen acceso a un empleo real sin tener que besar el anillo del puntero de turno.
Acusa a Milei de ningunear la Constitución, pero ha sido cómplice de cada atropello institucional cometido por Insfrán, incluso durante la pandemia, cuando se violaron derechos humanos en centros de aislamiento, cuando se reprimió a manifestantes y se persiguió a médicos y periodistas.
Ahora posa de institucionalista, de defensor de Villarruel, de crítico del DNU. Hace equilibrio entre la rosca del PJ y la oportunidad de facturarle al Gobierno nacional un costo político. Pero no convence: su discurso es el disfraz cínico de un modelo que hace mucho tiempo abandonó la democracia como forma de vida.
La república a la que invoca Mayans no es más que una palabra vacía en su boca, porque en su Formosa la república no existe. Y hace tiempo que él dejó de parecer un senador: es más bien un mayordomo de Insfrán en Buenos Aires.


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