
La moral prestada de Ana Costa Ankenbrand: sermones desde el palco VIP del fracaso radical
leonardo fernández acosta
En política, a veces las palabras pesan menos por lo que dicen que por quién las dice. Y cuando la voz que sermonea es la de una diputada impuesta por ser pareja de Osvaldo Zárate, el tono moralizante deja de ser discurso y pasa a ser teatro de varieté. Ana Costa Ankenbrand, hoy indignada por el “circo” de la oposición, es parte del elenco estable que durante años manejó la UCR como si fuera una empresa familiar, negociando, pactando y repartiendo cargos a gusto y conveniencia.
Habla de “vergüenza” y “estafa al electorado”, pero olvida que su banca no es fruto de una interna ganada ni de méritos legislativos, sino de una designación digitada por el mismo aparato radical que hoy agoniza, con resultados electorales desvastadores. Mientras Zárate y compañía hacían y deshacían, entregaban la UCR en bandeja al gildismo, pactaban a espaldas de la militancia y se aseguraban que las decisiones quedaran entre pocos.
Critica a La Libertad Avanza por abandonar la convención constituyente, pero convenientemente calla que los radicales llevan décadas abandonando cualquier lucha real contra el poder, limitándose a levantar la mano en las votaciones que garantizan la continuidad del régimen. Ahora, con la oposición partida y el radicalismo reducido a un papel testimonial, pretenden dar clases de estrategia política.
Habla de “coherencia” y de no hacer “circos mediáticos”, pero su propio espacio ha sido un carnaval de traiciones y alianzas espurias. Cambiaron enemigos por socios según soplaba el viento y hoy quieren disfrazar su naufragio de prudencia republicana.
La política formoseña atraviesa un quiebre profundo, sí. Pero no por el capricho de cinco convencionales —como acusa— sino por décadas de una oposición domesticada, en la que ella misma es parte del decorado. Cuando Costa Ankenbrand habla de payasos, quizá debería mirar hacia el camarín donde se maquilla su propio bloque.


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