
Los gritos del silencio: de brutalidad discursiva a la irrelevancia institucional, Mayans se quedó sin nada
leonardo fernández acostaLa política argentina, en su esencia más teatral, suele ofrecer relatos de ascensos vertiginosos y caídas estrepitosas. Pero a veces, el destino reserva lecciones más humillantes que una derrota electoral: la irrelevancia. Eso fue precisamente lo que vivió ayer el senador formoseño José Mayans en la sesión preparatoria del Senado, cuando el relato del poderío kirchnerista se desplomó frente a la nueva ingeniería política de un oficialismo que, con soberbia o sin ella, demostró que hoy tiene los números y la voluntad para usarlos.
La jornada dejó una imagen tan clara como el agua: el bloque que supo ser la columna vertebral del poder opositor, el que durante años marcó la agenda con agresiones, diatribas y un tono de intransigencia innegociable, quedó reducido a la nada misma. Ni una vicepresidencia, ni un cargo menor en la mesa de autoridades. Ni siquiera el gesto simbólico que la "primera minoría" suele reclamar como derecho de nacimiento en la política vernácula.
La jugada fue perfecta. La vicepresidencia del Senado, que por lógica numérica le correspondía al bloque Justicialista de Mayans, fue esquivada mediante un acuerdo político que expone la fragilidad del mapa opositor. El cargo terminó en manos de la jujeña Carolina Moisés, de Convicción Federal, quien apenas un día antes había desertado del interbloque Popular junto a sus pares Sandra Fernández y Gustavo Andrada, dejando a Mayans no solo sin aliados, sino también sin argumentos para exigir un lugar en la nueva distribución del poder.
Fiel a su estilo, Mayans no se fue en silencio. Con su característico refranero, citó al "árbol que no se torció" y advirtió sobre la soberbia del oficialismo. Cuestionó la "falta de respeto" y evocó la grandeza de Raúl Alfonsín ofreciéndole cargos a sus adversarios. Pero sus palabras sonaron a eco de un pasado que ya no vuelve. El discurso encendido, las acusaciones cruzadas y los intentos de marcar la cancha con la fuerza de la costumbre chocaron contra una realidad inapelable: el kirchnerismo ya no tiene el poder de amedrentar.
Los 45 votos positivos que consagraron la fórmula de Bartolomé Abdala (provisional), Carolina Losada (vice primera), Alejandra Vigo (vice segunda) y la propia Moisés para la vicepresidencia fueron el certificado de defunción de una era de prepotencia legislativa. El bloque de Mayens solo pudo juntar 24 voluntades para el "no", y ni siquiera pudo mantener la disciplina entre los suyos, con la abstención del catamarqueño Andrada, ya en la vereda de enfrente.
Lo ocurrido no es solo una anécdota de reparto de cargos. Es el síntoma más claro de que el tiempo de los gritos, los insultos y la soberbia sin respaldo numérico ha terminado. El relato del "aguante" y la resistencia se estrelló contra la aritmética. La política es, ante todo, construcción de poder, y ayer, el Senado le recordó al formoseño que su bloque, antaño temido, hoy es apenas un grupo testimonial que vota en contra y observa cómo otros deciden el futuro.
Mayans habló de un árbol torcido. Quizás lo que vio ayer fue su propio reflejo: un tronco que, de tanto no ceder, se quebró. Y en el nuevo escenario, donde la vicepresidencia se negocia sin él y sus aliados emigran hacia otros horizontes, le queda el triste consuelo de haber sido el centro de la nota, no por su poder, sino por la magnitud de su derrota. El silencio que siguió a sus reclamos fue más elocuente que todas sus metáforas.


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