
Era de esperarse: los gobernadores le bajan el precio a la convocatoria de Milei
leonardo fernández acosta
Era previsible. Javier Milei anunció la creación de una mesa de diálogo con gobernadores creyendo que la iniciativa se leería como un gesto de apertura. Sin embargo, quienes llevan décadas construyendo poder territorial saben distinguir entre una invitación sincera y un intento desesperado de sumar aire político cuando la soledad empieza a asfixiar. Los seis mandatarios nucleados en Provincias Unidas reaccionaron con cautela, distancia y hasta con un dejo de ironía. Y no es casualidad: sobran los motivos para bajarle el precio a la convocatoria presidencial.
El frente federal —que se prepara para mostrar músculo político en la Rural de Río Cuarto— no se siente obligado a correr detrás del capricho del Ejecutivo. Por el contrario, se permite el lujo de esperar, marcar la cancha y, sobre todo, imponer condiciones. Tres razones explican esa postura: el maltrato acumulado, la competencia electoral inmediata y el creciente interés del establishment empresario en una alternativa con anclaje provincial.
El maltrato como política
El primer punto es el más visceral: la relación entre la Casa Rosada y los gobernadores se tejió a base de promesas incumplidas y desplantes. Pullaro en Santa Fe lo sabe de memoria: cuando pidió financiamiento para obras estratégicas como la pista del aeropuerto de Rosario, la respuesta fue negativa. Cuando quiso endeudarse en dólares, también se le cerró la puerta. Y ahora, en plena urgencia por divisas, desde Nación reaparecen con un guiño oportunista para reflotar la negociación. Esa lógica pendular, que mezcla indiferencia con oportunismo, terminó erosionando cualquier confianza.
El maltrato no es solo administrativo; también es simbólico. Los gobernadores fueron presentados como “aliados en minoría” cuando convenía, pero jamás recibieron un reconocimiento real a su rol de garantes de gobernabilidad. Milei se concentró en achicar su círculo de confianza y dejar afuera a quienes, desde las provincias, podrían haber aportado respaldo político. La gestación de Provincias Unidas responde, en gran medida, a esa acumulación de bronca y desdén.
El calendario electoral manda
El segundo motivo es aún más evidente: la campaña ya comenzó y el 26 de octubre está a la vuelta de la esquina. En ese escenario, Milei y los gobernadores son competidores directos en sus distritos. El correntino Gustavo Valdés lo vivió en carne propia: intentó un acercamiento con La Libertad Avanza, pero las condiciones intransigentes que impuso Karina Milei dinamitaron cualquier posibilidad de acuerdo. En Santa Fe, el mileísmo opositor jugó al “todo o nada” contra Pullaro en la Convención Constituyente, bloqueando reformas que incluso el peronismo apoyó. Con esos antecedentes, es ilusorio pensar que los gobernadores saldrán a apuntalar al Gobierno nacional en medio de una campaña feroz.
La convocatoria presidencial llega tarde y mal. Los mandatarios no están en condiciones de “salvar” a un gobierno que, además, los ninguneó en su mejor momento. La política es, ante todo, un juego de tiempos, y en ese tablero Milei ya perdió la iniciativa.
El Círculo Rojo tantea nuevas cartas
El tercer elemento es el que enciende luces rojas en la Casa Rosada: el Círculo Rojo comenzó a mirar con seriedad a Provincias Unidas. Empresarios y medios influyentes advierten que el modelo libertario muestra fragilidad y que, más allá de los resultados de octubre, la gobernabilidad a mediano plazo está en duda. No se trata solo de la posibilidad de perder una elección, sino de la ausencia de un plan consistente que genere previsibilidad.
El episodio en el que Héctor Magnetto pidió ser presentado en persona al gobernador Pullaro durante un acto en el Teatro Colón no fue anecdótico. Fue un gesto político cargado de significado: el establishment busca interlocutores sólidos, racionales, con experiencia en gestión, y empieza a encontrarlos en este bloque federal. La “seducción” ya comenzó, y eso fortalece a los gobernadores en su pulseada con Milei.
Un tablero que se da vuelta
En este contexto, la estrategia de Provincias Unidas es clara: no apresurarse, mostrarse en bloque, y capitalizar la debilidad de un Gobierno que perdió centralidad. Para Milei, la convocatoria era una jugada destinada a mostrar apertura en momentos de crisis; para los gobernadores, es apenas un recordatorio de que ahora son ellos quienes tienen la capacidad de condicionar.
En política, la ansiedad es mala consejera. Milei se acostumbró a imponer la agenda con declaraciones altisonantes y gestos de ruptura, pero en la negociación federal esas herramientas se desinflan. Quienes manejan los resortes del poder territorial no actúan bajo presión: esperan, evalúan y negocian cuando el costo-beneficio es favorable.
Por eso, era de esperarse: los gobernadores le bajan el precio a la convocatoria presidencial. Y lo hacen convencidos de que el que se desespera pierde. En este momento, el apurado es Milei. Los gobernadores, en cambio, están jugando al tiempo largo.


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