Corrientes ratifica a los Valdés: Juan Pablo al gobierno, Gustavo al poder real y con ambiciones nacionales

Valdés sabe que el antiperonismo no necesita necesariamente a Milei para sobrevivir. Y que la UCR, con sus territorios, todavía tiene capital político para disputar el centro de la escena nacional.
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La noche del triunfo, Gustavo Valdés no solo celebró la victoria de su hermano. También se dejó ver con Alfredo Cornejo (Mendoza) y Leandro Zdero (Chaco)

Corrientes volvió a dar un mensaje contundente: el radicalismo gobierna y seguirá gobernando. El apellido Valdés confirmó su hegemonía. Con más del 50% de los votos, Juan Pablo Valdés se consagró gobernador electo desde el 10 de diciembre. Pero el verdadero artífice del triunfo fue su hermano mayor, Gustavo Valdés, que se despide del Ejecutivo provincial aunque no del poder. Por el contrario: con esta victoria empieza a proyectarse hacia el escenario nacional con la mira puesta en la conducción del radicalismo y en la construcción de un frente federal opositor a Javier Milei.

La estrategia Valdés: continuidad garantizada

El plan estaba claro desde hace tiempo. Gustavo necesitaba un sucesor que asegurara la continuidad de su proyecto político, pero que también le garantizara control. La candidatura de Juan Pablo era la ficha ideal: apellido fuerte, sangre de familia y tutela asegurada. Así, Vamos Corrientes volvió a imponerse sin necesidad de segunda vuelta, mientras el peronista Tincho Ascúa quedó en segundo lugar con 20,1%, el tres veces gobernador Ricardo Colombi tercero con 17,27% y La Libertad Avanza relegada a un pobre 8,24% con Lisandro Almirón.

Colombi, antaño todopoderoso, volvió a morder el polvo de la derrota. El radicalismo correntino ya no le pertenece y Gustavo Valdés se encargó de expulsarlo del centro de la escena. Lo mismo hizo con los libertarios, a quienes enfrentó sin buscar alianzas. No necesitó de Milei ni de Karina Milei: le alcanzó con su estructura, con el aparato estatal y con un apellido que garantiza 28 años ininterrumpidos de radicalismo en la provincia cuando Juan Pablo termine su mandato en 2029.

Gustavo mira más allá de Corrientes

La noche del triunfo, Gustavo Valdés no solo celebró la victoria de su hermano. También se dejó ver con Alfredo Cornejo (Mendoza) y Leandro Zdero (Chaco), dos radicales que ya sellaron acuerdos con La Libertad Avanza en sus distritos. El correntino eligió otro camino: mantener distancia, construir su propio armado y proyectarse hacia la escena nacional bajo el paraguas de Provincias Unidas, el bloque federal que comparte con gobernadores de Santa Fe, Córdoba, Jujuy, Chubut y Santa Cruz.

Los abrazos, los cantos y hasta los pedidos de “¡Presidente, Presidente!” en el Comité Central radical correntino fueron algo más que euforia militante. El triunfo legitima a Gustavo Valdés para disputar la conducción nacional de la UCR, hoy en manos de Martín Lousteau. El correntino ya lo intentó en 2023, pero perdió la pulseada. Ahora regresa fortalecido, con cinco provincias radicales gobernadas y un aval de las urnas que lo proyecta como uno de los pocos dirigentes capaces de ordenar un partido partido a la mitad.

El dilema radical: qué hacer con Milei

La gran pregunta que se abre es qué hará el radicalismo frente al avance libertario. Mientras algunos sectores se entregan al “purismo karinista”, otros buscan resistir. Valdés aparece en el medio: se sentó a dialogar con Milei pero eligió mantener autonomía, lo que hoy lo diferencia de otros radicales que terminaron pintados de violeta. Su discurso fue elocuente: “El consenso es lo que construye a las naciones y las hace grandes. Las provincias juntas creamos una nación argentina”.

No es casual: Valdés sabe que el antiperonismo no necesita necesariamente a Milei para sobrevivir. Y que la UCR, con sus territorios, todavía tiene capital político para disputar el centro de la escena nacional.

El PJ, entre el alivio y la derrota

El peronismo, mientras tanto, volvió a quedarse corto. La conducción ordenada por Cristina Fernández de Kirchner logró unificar al partido detrás de Ascúa, pero el resultado quedó muy lejos de la expectativa. Sin embargo, el intendente de Paso de los Libres emerge como la principal figura opositora, en un PJ correntino que al menos consiguió evitar la implosión total.

El derrumbe libertario

La otra gran novedad fue el fracaso de La Libertad Avanza. En su primera elección a gobernador desde que Milei asumió la presidencia, el oficialismo nacional apenas rozó el 8%. El propio Milei ni siquiera pisó Corrientes durante la campaña. La apuesta quedó en manos de Karina Milei y de los Menem, pero la marca libertaria demostró que sin estructura territorial no alcanza.

Balance: un apellido, un proyecto, un horizonte

La elección de Corrientes deja varias certezas. El radicalismo sigue siendo dueño de la provincia y lo será por lo menos hasta 2029. Los libertarios comprobaron que la motosierra no corta votos en el interior profundo. El peronismo consiguió un orden que podría servirle en el futuro. Pero el dato más fuerte es que Gustavo Valdés ya no piensa en Corrientes como único escenario. Su “sapucai federal” es la señal de que quiere disputar la conducción de la UCR y convertirse en un actor clave de la oposición a Milei.

Corrientes eligió a Juan Pablo, pero le abrió el camino a Gustavo. El primero gobernará. El segundo ya juega en otra liga.

Cierre ácido

En Corrientes suena la marcha radical y se habla de consensos, federalismo y diálogo maduro. Pero detrás del decorado, lo que se consolida es un feudo con apellido, que gobierna hace casi tres décadas sin interrupciones. Los Valdés prometen democracia y alternancia, pero lo que ofrecen es continuidad garantizada. Y mientras Gustavo se proyecta como salvador del radicalismo nacional, su modelo provincial se parece demasiado a lo que dice combatir: poder concentrado, hegemonía sin fisuras y un “consenso” que en la práctica significa que nada cambia.

En Corrientes, la alternancia no pasa por las urnas: pasa por la mesa familiar.

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