
Precios bajos, bolsillos vacíos: al estatal solo le alcanza para llenar el changuito una vez por mes
leonardo fernández acosta
Formosa vuelve a ocupar un lugar en el podio. Pero no en el que debería. Según un reciente informe de la consultora Analytica, nuestra provincia tiene una de las canastas más baratas del país: $735.817 en septiembre. Solo Misiones y Corrientes aparecen con precios más bajos. A primera vista, parecería una buena noticia. Pero como casi todo en Formosa, la cifra es una ilusión: la foto de una góndola accesible en una provincia donde los salarios no alcanzan ni para el carrito más chico.
El informe también lo deja claro: el costo del changuito en el NEA representa casi el 30% del ingreso combinado de dos salarios promedio, mientras que en Santa Cruz —la más cara del país— esa relación es de apenas el 15,5%. Es decir, los formoseños pagan menos, pero pueden comprar mucho menos. Y eso, en economía política, se llama pobreza estructural: precios bajos, sueldos mínimos, consumo restringido y dependencia total del Estado.
El relato oficial suele insistir en que Formosa “resiste mejor” los embates de la economía nacional. Pero la realidad es otra: resistir no es vivir, ni mucho menos progresar. Acá, el changuito cuesta menos porque la demanda es más baja, porque los salarios están por el piso y porque el consumo no se mueve. No hay competencia, no hay mercado, no hay inversión. Solo una economía subsidiada, controlada y domesticada para que nada cambie demasiado.

Mientras en la Patagonia los precios se explican por el costo logístico y los sueldos más altos, en el NEA se explica por algo más doloroso: la resignación. Las góndolas se llenan de marcas segundas, los supermercados se vacían a fin de mes y los changuitos se empujan con lo justo, con la esperanza de que el próximo aumento provincial —ese que se anuncia como gesto de “justicia social”— alcance para reponer un litro de aceite o un paquete de azúcar.
El dato técnico del informe es apenas una excusa para volver al punto de siempre: en Formosa, la economía no se mide solo en pesos, sino en control político. Un salario bajo es un ciudadano dependiente; una canasta barata es una excusa para sostener el relato de la estabilidad; una góndola vacía es el reflejo de un modelo que se agotó, pero que sigue vendiéndose como ejemplo de orden y previsibilidad.
Formosa no es la más cara ni la más barata: es la más desigual. Porque en esta provincia donde el changuito cuesta menos, la dignidad cuesta cada vez más.


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