
Paloma y la paradoja formoseña: forjamos talento tecnológico de elite, pero les cerramos las puertas del mundo
leonardo fernández acosta
La historia de Paloma, la joven de 20 años que egresó del Instituto Politécnico de Formosa (IPF), no es un cuento de éxito educativo. Es un manual de las oportunidades desperdiciadas por una visión provinciana y cortoplacista. El Estado formoseño gasta recursos en formar técnicos con equipos de última generación, para luego lanzarlos a un mercado laboral local que no existe para sus perfiles, sin darles el mapa para navegar el mundo real. Es un acto de irresponsabilidad disfrazado de progreso.
La farsa de la "formación de vanguardia"
Se jactan de enseñar con fusionadoras de fibra óptica y analizadores OTDR, mientras omiten enseñar a los estudiantes a usar LinkedIn. Les muestran cómo armar una antena, pero no cómo armar un CV que pase los filtros de una startup de Silicon Valley o de una empresa de Córdoba. Les dan la herramienta, pero les esconden el manual para usarla fuera del gueto laboral estatal.
Mientras el IPF celebra sus proyectos de "Smart Parking", miles de empresas están clamando por técnicos argentinos como Paloma. Las solicitudes para programadores, administradores de redes y especialistas en telecomunicaciones llenan las bolsas de trabajo. Salarios en dólares, trabajo remoto, carrera internacional. Oportunidades que a estos jóvenes ni siquiera se les presentan como opción. Se les forma para ser empleados públicos provinciales, punto.
El síndrome del "quédate aquí, pero come poco"
El modelo es perverso: ofrecen transporte y comida, el cebo del bienestar inmediato, para crear un cómodo invernadero educativo. Pero una vez que el técnico florece, lo expulsan a un desierto laboral. No hay puentes, solo precipicios. No se ve una bolsa de trabajo del IPF vinculada con las decenas de empresas que contratan remoto, tampoco se ven dónde están los talleres de entrevistas con reclutadores o "Cómo facturar al exterior siendo de Formosa".
No están. Porque el objetivo no es crear profesionales independientes y prósperos; es crear dependientes del sistema.
El doble discurso del "futuro"
Es cínico hablar de "carreras del futuro" cuando se condena a los egresados a economías del pasado. Paloma, con su proyecto de IA, tiene un perfil que vale oro en el mercado global. Pero el sistema parece querer que ese oro se oxide en un escritorio de una repartición pública, ganando una fracción de lo que podría valer.
Se invierte en hardware y software, pero se boicotea el mindware: la mentalidad emprendedora, la visión global, las habilidades para vender el propio talento. Es como darle un Ferrari a alguien y solo enseñarle a manejar en el patio de su casa.
No basta con formar; hay que liberar
El IPF no es un instituto tecnológico moderno; es una línea de ensamblaje para funcionarios técnicos. Hace su parte –la formación básica– y luego lava sus manos.
Hasta que no haya una oficina de vinculación que funcione de verdad (no un cartel en la pared), hasta que no se traigan reclutadores a las aulas, hasta que "habilidades blandas" deje de ser un concepto despreciado y sea una materia tan importante como las telecomunicaciones, esto no será educación para el futuro. Será un costoso adiestramiento para el estancamiento.
Formosa tiene el talento. Lo que le falta es el coraje para soltarlo y la inteligencia para beneficiarse de su éxito. Mientras tanto, seguirá produciendo Palomas Ortegas con alas técnicas pero sin brújula para volar más allá del alambrado provincial. Una tragedia perfectamente evitable.


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