
Del portaaviones al feudo: la Argentina que despega y la Formosa que nunca salió de pista
leonardo fernández acostaEn la política argentina hay postales que explican más que mil discursos. Una de ellas acaba de ofrecerla el senador Francisco Paoltroni, quien celebró su paso por los “mares del sur” a bordo del imponente USS Nimitz, junto al presidente Javier Milei y el embajador Peter Lamelas. Una escena de poder, tecnología y proyección internacional. Una Argentina que mira al mundo, se sube a portaaviones nucleares y habla de grandeza.
Ahora bajemos de esa cubierta.
Porque mientras algunos dirigentes se fotografían con la maquinaria militar más sofisticada del planeta, en Formosa seguimos anclados en otra era. Acá no hay portaaviones: hay rutas destruidas, hospitales que sobreviven a pulmón y un aparato estatal que funciona más como sistema de control que como motor de desarrollo. Acá la “operatividad” no se mide en tecnología, sino en la capacidad de sostener un esquema político que lleva décadas sin rendir cuentas.
El contraste es brutal. Y también incómodo.
Mientras Paoltroni habla de una Argentina que “volverá a ser grande”, el gobernador Gildo Insfrán se saca fotos con gremialistas cooptados, muchos de ellos con más de 80 años, convertidos en piezas de un engranaje que hace tiempo dejó de representar a los trabajadores para pasar a garantizar obediencia. No hay renovación, no hay debate, no hay futuro: hay conservación del poder.
Dos Argentinas conviven en simultáneo. Una que se muestra al mundo, que busca alineamientos internacionales, que se sube a la lógica global. Y otra que sigue atrapada en estructuras feudales, donde el tiempo parece no avanzar y la política se reduce a una liturgia de lealtades eternas.
Pero ojo: la foto en el USS Nimitz también puede ser engañosa si no se traduce en cambios concretos puertas adentro. Porque la grandeza no se declama desde la cubierta de un portaaviones; se construye en el territorio, en lugares como Formosa, donde el atraso no es una metáfora sino una realidad cotidiana.
La pregunta incómoda es esta: ¿de qué sirve codearse con la potencia militar más grande del mundo si en tu propia provincia la gente sigue viviendo como hace 40 años?
Argentina no va a ser grande por sacarse fotos en escenarios de poder. Va a ser grande cuando deje de tolerar que existan feudos donde la democracia es apenas decorativa. Y en esa discusión, Formosa no es un detalle: es el espejo que muchos prefieren no mirar.


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