El oeste formoseño sigue igual que el siglo pasado: reuniones bajo un árbol y promesas eternas

Mientras el Gobierno provincial vuelve a mostrar reuniones “de diálogo” con comunidades originarias del oeste formoseño, la postal sigue siendo la misma desde hace más de treinta años: encuentros debajo de un árbol, caminos precarios y ausencia de señales visibles de desarrollo real en lugares como El Potrillo.
07/05/2026leonardo fernández acostaleonardo fernández acosta

En Formosa hay una liturgia política que no cambia nunca: el funcionario llega, acomoda las sillas de plástico, estaciona las camionetas oficiales, despliega la comitiva y monta la escenografía del “diálogo sincero”. Pero cuando la reunión es con comunidades originarias del oeste, la postal habitual no suele ser precisamente un salón climatizado ni una mesa institucional. Generalmente, las reuniones se hacen debajo de un árbol. Literalmente. Ahí donde el Estado aparece más en los discursos que en la infraestructura.

Por eso resulta casi enternecedor leer otra gacetilla oficial donde Eber Solís “mantiene una reunión ampliada” en El Quebracho para hablar de “paz social”, “familia formoseña” y “diálogo franco”. Porque mientras el relato gubernamental habla como si estuviera describiendo una cumbre diplomática de Naciones Unidas, la realidad del oeste formoseño sigue siendo la misma de hace décadas: comunidades sin servicios básicos estables, caminos destruidos, agua escasa y reuniones políticas improvisadas bajo la sombra de un árbol porque ni siquiera hay espacios comunitarios dignos.

Y lo más impactante es que esa escena lleva más de treinta años intacta. Basta mirar cualquier reunión oficial en El Potrillo para comprobarlo. Cambian los funcionarios, cambian los discursos y hasta cambian las generaciones políticas, pero el paisaje permanece congelado en el tiempo. Ni siquiera ahora, con un vicegobernador que lleva solo dos periódos (no ocho como Insfrán), aparecen señales visibles de transformación profunda: no se ven calles urbanizadas, circulación vehicular comparable a la de cualquier ciudad desarrollada de la provincia ni infraestructura que refleje una mejora real en la calidad de vida de las comunidades aborígenes. El progreso del que hablan las gacetillas parece existir solamente en los discursos oficiales y en las cadenas provinciales.

La escena se repite tanto que ya parece patrimonio cultural del modelo formoseño: el poder llega una mañana, junta vecinos, reparte promesas, agradece lealtades y vuelve a la capital dejando detrás exactamente la misma pobreza estructural que encontró. Pero eso sí: la gacetilla sale impecable.

Solís habla de “paz social”, una expresión que en Formosa suele significar algo bastante distinto a bienestar. Porque la paz social del oficialismo no nace de la prosperidad sino de la dependencia. En comunidades donde muchas familias dependen del empleo público, módulos alimentarios o programas estatales, el silencio muchas veces no es consenso: es supervivencia.

Y mientras tanto aparece el clásico enemigo externo. Esta vez le tocó a Francisco Paoltroni, convertido otra vez en villano de utilería del relato provincial. El vicegobernador lo acusa de no gestionar nada y de querer intervenir la provincia “para que venga alguien de Buenos Aires a decirnos qué hacer”. Curioso argumento viniendo de un modelo político que lleva décadas funcionando como un feudo administrado desde un despacho central donde absolutamente todo depende de la voluntad de una sola persona.

Porque si algo quedó claro en estos años es que el oeste formoseño sólo existe políticamente cuando hay campaña, gira oficial o necesidad de mostrar fotos de cercanía con los pueblos originarios. Ahí aparecen los funcionarios hablando de inclusión, unidad y comunidad. Después las cámaras se apagan y las reuniones vuelven a hacerse debajo de un árbol, como hace veinte años.

Pero claro, en la gacetilla eso nunca aparece. El árbol no forma parte del relato épico del modelo. Aunque probablemente sea el símbolo más honesto de toda la escena: comunidades enteras esperando progreso bajo la sombra de promesas eternas.

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