Villarruel, las internas libertarias y el riesgo de convertir la intervención en un circo

Mientras la interna libertaria convierte todo en un circo de egos y operaciones, el debate sobre la intervención federal a Formosa corre el riesgo de perder seriedad. Entre peleas, frases de “Game of Thrones” y funcionarios jugando a la política como adolescentes en redes sociales, los únicos que vuelven a quedar relegados son los formoseños.
22/05/2026leonardo fernández acostaleonardo fernández acosta

Hay algo que empieza a cansar profundamente en la política argentina: la incapacidad de separar las peleas personales de los problemas reales de la gente. Y en el caso del proyecto de intervención federal a Formosa, eso está pasando de manera obscena.

Porque acá lo importante no era si Victoria Villarruel se pelea con Ariel Lijo, con Paoltroni, con Martín Menem o con medio gobierno nacional. Lo importante era discutir el fondo del asunto: si en Formosa existen razones institucionales suficientes para justificar una intervención federal después de décadas de concentración de poder de Gildo Insfrán.

Pero otra vez el debate se degradó. Otra vez el foco pasó de los formoseños a los egos.

Y mientras los medios nacionales convierten cada episodio en una novela de internas libertarias, los ciudadanos de esta provincia siguen esperando que alguien mire seriamente lo que ocurre acá hace años: la perpetuación del poder, la falta de alternancia, el uso partidario del Estado y una estructura política que funciona hace décadas sin controles reales.

En Buenos Aires juegan a “Game of Thrones”. En Formosa la gente vive las consecuencias.

Resulta grotesco ver a funcionarios nacionales tirándose frases épicas por redes sociales, actuando como personajes de una serie de fantasía, mientras el país atraviesa una crisis económica feroz y las provincias siguen atrapadas en sistemas políticos feudales. Entre Santiago Caputo, Martín Menem, Manuel Adorni y toda la fauna libertaria, el gobierno parece muchas veces un jardín de infantes con acceso al poder del Estado.

Y en el medio aparece Villarruel, cada vez más enfocada en construir su propio perfil político mediante el conflicto permanente. Conflictúa con el gobierno, con dirigentes propios, con aliados circunstanciales y ahora también con quienes impulsan el debate sobre Formosa.

La decisión de impedir la presentación del proyecto en el histórico Salón Azul del Senado no fue un detalle administrativo inocente. Fue un gesto político. Y después, al minimizar públicamente la viabilidad del proyecto impulsado por Francisco Paoltroni, terminó contribuyendo más a deslegitimar el debate que a enriquecerlo.

Porque cuando se descalifica livianamente una iniciativa de este tipo, no solamente se golpea al autor del proyecto. También se golpea a miles de formoseños que esperan, aunque sea por una vez, que el poder central deje de mirar para otro lado.

Ahora bien: también hay responsabilidades del otro lado.

Paoltroni y quienes impulsan la intervención deberían entender que el proyecto no puede sobrevivir únicamente como una bandera mediática o emocional. Necesita solidez jurídica, fundamentos institucionales contundentes y una estrategia política inteligente. Lo que viene no es un programa de televisión ni una pelea de redes sociales: viene una comisión del Senado donde habrá que demostrar técnicamente por qué Formosa merece una discusión federal excepcional.

Y ahí no sirven los escándalos secundarios.

Abrir más frentes contra Villarruel, contra sectores internos de La Libertad Avanza o contra cualquiera que entre en el juego de las provocaciones solamente diluye el eje principal. Le quita seriedad al planteo. Lo convierte en otro capítulo del caos libertario.

Hoy el gobierno de Javier Milei aparece atravesado por internas permanentes, operaciones cruzadas y funcionarios que parecen más preocupados por las redes sociales que por gobernar. Y en medio de ese desorden, el proyecto de intervención corre el riesgo de transformarse en una pieza más del espectáculo.

Ese sería el peor final.

Porque mientras ellos juegan a las facciones, los formoseños siguen esperando respuestas reales.

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