
La motosierra llegó a Formosa: LLA interviene su propio partido y barre con el gildismo devenido en libertario
leonardo fernández acostaLa Libertad Avanza decidió hacer en Formosa algo bastante revolucionario para un espacio que llegó a la política prometiendo terminar con la vieja política: intervenirse a sí misma.
La conducción nacional de LLA, bajo el comando de Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem, resolvió intervenir la estructura partidaria formoseña y poner al frente de la operación a Diego Vartabedian, dirigente porteño de extrema confianza del armado de Lule Menem y actual legislador de la Ciudad de Buenos Aires por La Libertad Avanza.
La decisión tiene una lectura política bastante sencilla: en Buenos Aires entendieron que el experimento formoseño necesitaba algo más que una motosierra. Necesitaba una excavadora.
Porque el problema no parece ser solamente de nombres. Es de origen.
La Libertad Avanza obtuvo su reconocimiento definitivo como partido en Formosa a fines de 2024 y quedó formalmente organizada con Esteban López Tozzi como presidente que después se fue al peronismo de Jorge Jofré, Jessica Marion Rodríguez como vicepresidenta y Pablo Miguez como secretario político. La estructura había conseguido reconocimiento judicial y contaba entonces con más de 2.100 afiliados.
Es decir: el partido libertario que ahora viene a ser reorganizado no nació ayer.
Y tampoco nació completamente libertario.
Ahí aparece el concepto que empieza a circular con fuerza dentro del nuevo esquema: el “gildismo devenido en libertario”.
Una categoría política extraordinariamente argentina: primero se milita durante años dentro de un modelo político, después se cambia de camiseta y, mágicamente, aparecen las convicciones libertarias.
La metamorfosis ideológica parece haber sido más rápida que cualquier trámite de afiliación.
En ese proceso aparecen dirigentes como Gerardo González, Marion Rodríguez, Pablo Miguez y los sectores vinculados a los Saavedra, entre otros nombres que quedaron asociados a la construcción inicial del sello libertario en Formosa.
Ahora Buenos Aires parece haber decidido revisar esa construcción.
Y cuando Karina Milei manda a un interventor, no manda precisamente a alguien para repartir caramelos.
Vartabedian llega con la misión de ordenar, revisar, reorganizar y, sobre todo, determinar quiénes siguen teniendo lugar dentro del proyecto nacional y quiénes quedaron definitivamente del otro lado de la puerta.
La paradoja es formidable.
La Libertad Avanza llegó a Formosa prometiendo terminar con la casta y terminó descubriendo que también tenía su propia versión de la casta libertaria.
Una especie de casta reciclada. Con nuevo logo. Nueva camiseta. Y aparentemente las mismas viejas mañas.
El problema de importar el pasado
El fenómeno tiene una explicación política bastante evidente.
En una provincia gobernada durante décadas por Gildo Insfrán, la oposición siempre tuvo un problema estructural: buena parte de quienes intentaban enfrentar al poder habían tenido, en algún momento, algún tipo de relación, cercanía o convivencia con el propio sistema.
Eso genera una oposición peculiar.
Una oposición que muchas veces parece descubrir sus convicciones republicanas justo después de abandonar el oficialismo.
El fenómeno no es exclusivo de Formosa. Pero en Formosa adquiere una dimensión casi artística.
Porque después de décadas de “Modelo Formoseño”, ahora aparece la versión “Modelo Formoseño, edición libertaria”.
Cambian las banderas. Cambian las fotos. Cambian las consignas. Pero algunos apellidos sobreviven a todos los gobiernos.
Y eso es precisamente lo que la conducción nacional parece decidida a cortar.
Basualdo, el hombre que pidió ordenar la casa
En este nuevo escenario aparece Atilio Basualdo.
El diputado nacional de La Libertad Avanza venía reclamando ante la conducción nacional una reorganización del espacio formoseño, con mayor presencia territorial, disciplina partidaria y coordinación política.
Basualdo no es precisamente un recién llegado a la política formoseña. Su trayectoria anterior estuvo vinculada al peronismo y al oficialismo provincial, antes de convertirse en una de las figuras de LLA en Formosa.
Y justamente ahí está una de las grandes ironías de esta historia.
Mientras algunos dirigentes son acusados de ser “gildistas devenidos en libertarios”, el propio Basualdo también carga con una trayectoria política previa dentro del universo que hoy cuestiona.
La diferencia parece estar en otra parte.
Basualdo consiguió convertirse en una pieza nacional del tablero libertario y, además, construyó una relación directa con la conducción de Buenos Aires.
Ahora, con la intervención partidaria, la pregunta política ya no es quién tiene el sello.
La pregunta es quién tendrá el control político del sello.
Y ahí Basualdo aparece con ventaja.
La limpieza ideológica
La conducción nacional parece haber llegado a una conclusión bastante elemental: si La Libertad Avanza pretende competir en Formosa en serio, necesita dejar de parecer una reunión de exdirigentes del oficialismo provincial que descubrieron a Javier Milei después de las elecciones nacionales.
Necesita identidad propia. Territorio. Militancia. Estructura.
Y, sobre todo, una cadena de conducción que responda a Buenos Aires.
Porque una cosa es utilizar el sello de Milei. Otra muy distinta es representar políticamente a Milei. La diferencia puede parecer semántica. En política, vale millones de votos. La intervención apunta precisamente a eso.
A terminar con el esquema de “cada uno hace la suya” y reemplazarlo por una estructura donde la conducción nacional determine quién representa al Presidente en Formosa y quién solamente consiguió subirse al tren libertario cuando comprobó que el tren tenía destino electoral.
El gran problema: la credibilidad
La limpieza interna puede fortalecer a LLA.
Pero también expone una contradicción.
Si el argumento es que hay que desplazar a dirigentes porque representan la vieja política, el desafío será explicar por qué algunos dirigentes con pasado en estructuras tradicionales sí pueden ser considerados parte del nuevo proyecto y otros no.
Porque si la vara es el pasado, habrá que revisar a medio Formosa.
Y si la vara es la lealtad política actual, habrá que explicar quién fue leal a quién y desde cuándo.
Ese es el verdadero desafío de la intervención.
No alcanza con cambiar autoridades.
Hay que construir credibilidad.
Y la credibilidad no se consigue con una foto en Buenos Aires, una gorra de LLA y una publicación en redes sociales.
Mucho menos en Formosa, donde la política tiene memoria.
Una memoria extraordinariamente larga.
El mensaje de Buenos Aires
La intervención tiene además un mensaje dirigido a toda la dirigencia formoseña:
La Libertad Avanza no quiere ser una franquicia local manejada por dirigentes que llegaron antes que Milei y se quedaron después de Milei.
Quiere controlar directamente su estructura.
Quiere decidir sus candidatos.
Quiere ordenar su aparato territorial.
Y quiere evitar que el sello presidencial termine convertido en una nueva cooperativa política provincial.
En otras palabras: Buenos Aires acaba de decir que en Formosa se terminó el “libertario a la carta”.
Ahora habrá menú nacional.
Y el chef viene de Buenos Aires.
La ironía final
Durante años, el oficialismo formoseño acusó a sus adversarios de ser improvisados, oportunistas y dirigentes sin estructura.
Ahora La Libertad Avanza parece haber descubierto que también puede fabricar exactamente eso.
Por eso interviene.
No para cambiar un presidente partidario.
Para intentar cambiar una cultura política.
La gran pregunta no es si Vartabedian podrá ordenar el partido.
Seguramente podrá.
La cuestión verdaderamente interesante será qué quedará después de la limpieza.
Porque si la motosierra libertaria consigue sacar de escena al “gildismo devenido en libertario”, La Libertad Avanza tendrá finalmente la oportunidad de demostrar que puede construir una oposición con identidad propia.
Pero si después de tanta depuración reaparecen los mismos apellidos, las mismas estructuras y las mismas prácticas con otra bandera, habrá ocurrido algo bastante gracioso:
el Modelo Formoseño habrá conseguido su versión libertaria.
Y eso sí sería una verdadera revolución.
Pero del lado equivocado.


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