Las mujeres facturan, los hospitales también: gratis para paraguayos, a precio de mercado para los abuelos del PAMI

Como siempre, las radios pautadas aprovechan cualquier circunstancia para armar una operación de prensa contra la oposición y hay una nota que circula atribuyendo "hipocresía libertaria" a quienes cuestionan la salud pública de Formosa no resiste el menor análisis de rigor. No por lo que dice, sino por lo que deliberadamente omite. Y en esa omisión está la verdadera doble vara que el artículo pretende denunciar.
Partamos del hecho concreto: un jubilado de 71 años, afiliado al PAMI, cuya cirugía fue suspendida reiteradamente por falta de insumos que la obra social nacional debía proveer. La Justicia Federal ordenó al PAMI garantizar el material. Hasta aquí, un caso de incumplimiento de una prestadora de salud, con resolución judicial. Nada más. Nada menos.
Pero el artículo no se detiene ahí: convierte ese expediente en una operación política. "Los hospitales formoseños contienen a los afiliados del PAMI", proclama, como si el sistema público estuviera haciendo un favor altruista que la oposición libertaria debería reconocer antes de criticar. La conclusión implícita es que cuestionar la salud provincial equivale a morder la mano que alimenta a los jubilados.
Lo que el texto no dice —y que constituye el corazón del asunto— es que esos hospitales públicos no atienden gratis a los afiliados del PAMI. La obra social nacional paga miles de millones al Estado provincial por esas prestaciones. No hay contención solidaria: hay una relación contractual, facturada a costos de mercado.
Y no es un fenómeno exclusivo del PAMI. Los mismos nosocomios que el artículo presenta como baluartes de la salud pública facturan millones a las prepagas más VIP de Formosa y del país. La infraestructura de alta complejidad que la provincia exhibe como logro sanitario se cobra como si fuera privada, al precio que fija el mismo Estado que la administra.
Aquí está la verdad que el texto prefiere no mencionar. Durante la pandemia, la salud privada de Formosa fue arrasada: sanatorios y clínicas se fundieron mientras los hospitales públicos se equipaban con dinero del Estado. Algunos nosocomios quedaron con tecnología que supera exponencialmente a la oferta privada. No todos, pero sí los de alta complejidad, precisamente donde se atienden los afiliados del PAMI.
Ese resultado no es neutro. La salud siempre fue negocio, y en Formosa funcionarios del gobierno tienen —y han tenido— absoluta discrecionalidad sobre el monopolio que se construyó con recursos públicos. La destrucción de la competencia privada dejó un único prestador capaz de ofrecer alta complejidad: el Estado provincial. Que ahora cobre a precio de mercado por ese servicio no es virtud sanitaria: es posición dominante.
Y hay más. Los mismos hospitales que facturan millones a obras sociales y prepagas destinan partidas enormes a ciudadanos extranjeros que no aportan un peso al sistema argentino. El artículo habla de "los más vulnerables" y de "injusticias", pero guarda silencio sobre este punto. La coherencia que exige a los libertarios debería exigirse también a quienes administran el sistema y con este criterio se cobra a un jubilado nacional y se subsidia a quien nunca contribuyó.
El artículo acusa a La Libertad Avanza de criticar la salud formoseña mientras su espacio administra el PAMI. Pero la doble vara verdadera es otra: denunciar el incumplimiento de una obra social nacional mientras se oculta que el sistema provincial factura millonariamente por las mismas prestaciones que presenta como servicio público gratuito.
Si los hospitales formoseños contienen a los afiliados del PAMI, lo hacen cobrando. Si la provincia logró nosocomios de alta complejidad, fue con recursos públicos que luego se facturan a precios privados. Y si hay que exigir coherencia, empecemos por exigir transparencia: cuánto factura el sistema provincial al PAMI, a las prepagas y cuánto destina a extranjeros no aportantes.
El caso del jubilado de 71 años merece una respuesta del PAMI, sin duda. Pero usarlo para blindar de críticas a un sistema sanitario que operó como monopolio, que se construyó sobre la destrucción de la competencia privada y que factura a costos de mercado, no es periodismo: es militancia disfrazada de editorial.
La hipocresía no está en quien critica. Está en quien critica la crítica mientras esconde la caja.
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