El barro, el gran opositor que sepultó la escenografía del modelo formoseño

La única obra inaugurada fue el lodazal. La épica del modelo formoseño quedó enterrada en el barro, junto con la logística oficial.
18/06/2025leonardo fernández acostaleonardo fernández acosta
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Las lujosas camionetas de los punteros VIP no pudieron acceder

Todo estaba milimétricamente orquestado. El cronograma oficial relucía más que las baldosas recién lustradas de la flamante "Casa de la Solidaridad" (con quincho incluido). Actos en cadena desde el amanecer: cortes de cinta, discursos paternalistas. Un despliegue de como cada escenografía de cartón en la Formosa profunda. Solo faltaba un detalle trivial: que el suelo existiera.

La tan promocionada gira triunfal de Gildo Insfrán para inaugurar escuelas remozadas, centros de solidaridad con parrilla y hasta una vitalísima cancha de bochas se hundió literalmente ante su némesis histórica: el lodo formoseño. Ese fiel compañero que siempre aparece cuando la fantasía choca contra la cruda realidad de rutas intransitables.

Porque en esta provincia, la educación puede seguir esperando pero el barro es puntual y no perdona citas oficiales.  El Gobernador ni siquiera pudo acercarse con sus camionetas 4x4, símbolos de poder, reducidas a maquinas inútiles.

En Estanislao del Campo: la EPEP N°44 y el JIN N°19, impecables y solitarias. Ni los héroes de Malvinas en el cartel pudieron hacer milagros contra la geografía.

En Pozo del Tigre: la Escuela Especial N°23, con su reluciente cancha cubierta y 2.500 m² de puro brillo contemplada solo por el barro. Un monumento a la inaccesibilidad.

La Casa de la Solidaridad: parrilla de primera, iluminación fotogénica, cocina equipada, todo menos un puente. La solidaridad, al parecer, no incluye llegar. Imaginar a los abuelos atravesando un chiquero para llegar con 80 años es imposible.

La Línea: la EPEP N°424 y el JIN N°42, listas para el aplauso de los aplaudidores que nunca llegaron.

Así, el relato oficial se disolvió en el fango, como tantas otras veces. La moraleja es formoseña pura: "Las obras existen en un universo paralelo al que habitan los ciudadanos".

Pueden inaugurarlas, pueden ponerle el nombre de Insfrán en carteles gigantes, pero acceder a ellas es una odisea épica que ni el mismísimo gobernador logra completar después de gobernar más de un cuarto de siglo.

La ecuación es simple: con barro, no hay foto. Sin foto, no hay propaganda. Y sin propaganda el modelo formoseño se suspende por lluvia como el relato.

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