
Ñoquis constituyentes: el desprecio por la ética que desborda la Convención
leonardo fernández acosta
Seguimos con los papelones. Y cada vez cuesta más encontrar palabras nuevas para describir el nivel de cinismo, impunidad y desparpajo con el que se manejan algunos de los personajes que integran la flamante Convención Constituyente de Formosa. Ahora, el escándalo no solo atraviesa a La Libertad Avanza, sino también al radicalismo. Dos de sus convencionales electos, Pablo Miguez y Juan Carlos Montiel, no habrían podido jurar porque, simple y llanamente, no tienen la licencia correspondiente para asumir un cargo electivo mientras siguen cobrando del Estado nacional.
Pablo Miguez, asesor del PAMI por el espacio libertario, aún estaría tramitando su licencia. Una omisión grave, pero que palidece al lado del caso del radical Juan Carlos Montiel, un verdadero emblema del clientelismo parasitario y la hipocresía política.
Montiel, que llegó a la Convención Constituyente por la UCR, es empleado del Senado de la Nación desde hace más de 20 años, pero en todo ese tiempo no hay registro alguno de actividad en la Cámara alta. Su única tarea visible ha sido militar en Formosa para el radicalismo, al amparo de Luis Naidenoff, quien ha sabido mover sus hilos en organismos nacionales para sostener a sus fieles ñoquis como si fueran muebles familiares.
Este “trabajador” público, al que se le paga el sueldo con el dinero de todos los argentinos, ni siquiera tiene la licencia para asumir como convencional. Y más escandaloso aún: su adscripción fue renovada hace apenas un mes, el 4 de julio de este año, en el Ministerio de Seguridad del Chaco, mediante la resolución 0259/25 del Senado, gracias a las relaciones de parentesco que Naidenoff tiene con el gobierno del Chaco.
Esto no es una anécdota. No es un error administrativo. Es la representación más grotesca de la decadencia institucional y moral de una clase política que ni siquiera se molesta en disimular. Montiel es el símbolo perfecto del sistema de "empleo militante": gente que jamás pisa su oficina, que no produce nada, pero que vive del Estado mientras vocifera sobre transparencia, institucionalidad y república.
Y lo peor es que esta gente no solo cobra sin trabajar: pretende escribir las nuevas reglas constitucionales que regirán a los formoseños por los próximos 50 años. ¿Cómo se puede reformar una Constitución con tipos que no pueden ni explicar en qué trabajaron durante dos décadas? ¿Qué autoridad ética tienen para hablar de instituciones, de democracia, de futuro?
Lo de Miguez y Montiel no es un error ni un desliz. Es un síntoma. Un reflejo de la impunidad que reina en este sistema político oxidado, corrupto, y profundamente desconectado de la realidad. Si estos son los elegidos para representar al pueblo en una Convención Constituyente, entonces que Dios nos libre del texto que vayan a escribir.
Porque con ñoquis constituyentes como estos, no se necesita una reforma constitucional. Se necesita una purga. Y urgente.


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