Cuestión de fe: Rodrigo Vera volvió el acto por Perón en una canonización de Insfrán

El diputado convirtió el homenaje a Juan Domingo Perón en una encendida defensa del modelo de Gildo Insfrán, con un relato cargado de épica, pero sin una sola referencia a la pobreza, la dependencia del Estado ni las deudas estructurales que arrastra Formosa tras casi tres décadas del mismo gobierno.
Locales01/07/2026leonardo fernández acostaleonardo fernández acosta

Había que recordar a Juan Domingo Perón. Pero Rodrigo Vera terminó hablando, sobre todo, de Gildo Insfrán.

Durante el acto por el 52° aniversario de la muerte del fundador del justicialismo, el diputado provincial ofreció un discurso cargado de épica, consignas y frases hechas, aunque escaso de autocrítica y prácticamente desconectado de la realidad que viven miles de formoseños.

Desde el primer minuto quedó claro que no se trataba de un homenaje histórico sino de un ejercicio de propaganda. Para Vera, Perón fue "el principal estadista de la República Argentina", "el político más brillante de este lado del mundo" y el responsable absoluto de todos los avances sociales del país. Una versión tan idealizada que borra de un plumazo las contradicciones, los conflictos y hasta las discusiones que la propia historia del peronismo reconoce.

Pero el verdadero objetivo apareció recién sobre el final: presentar a Gildo Insfrán como el heredero perfecto de Perón.

No alcanzó con decir que Formosa es "el principal ejemplo" del peronismo. Vera fue más lejos y aseguró que Insfrán es "el principal alumno y mejor alumno de Perón". Una afirmación que roza el culto político y que pretende colocar al gobernador, con casi cuatro décadas ininterrumpidas en el poder, en el mismo pedestal que el fundador del movimiento.

El problema es que el relato choca violentamente con los datos.

Mientras Vera hablaba de justicia social, Formosa sigue encabezando los rankings nacionales de pobreza estructural, dependencia del empleo público y migración de jóvenes que buscan oportunidades fuera de la provincia.

Mientras describía una provincia modelo, miles de familias continúan dependiendo de la asistencia estatal para llegar a fin de mes, el sector privado sigue siendo uno de los más débiles del país y la economía provincial continúa sostenida mayoritariamente por transferencias nacionales.

Mientras aseguraba que "cada rincón de Formosa trabaja para que la provincia siga creciendo", evitó mencionar que ese crecimiento nunca logró traducirse en un desarrollo económico capaz de generar empleo privado suficiente ni de reducir la histórica dependencia del Estado.

Vera también apeló a una comparación permanente entre el gobierno nacional y la proscripción del peronismo, sugiriendo que la pérdida de poder adquisitivo actual convierte automáticamente a Perón en la única respuesta posible. Es un recurso emocional eficaz para la militancia, pero intelectualmente pobre: reemplaza el debate sobre políticas públicas por la nostalgia de una época convertida en mito.

Tampoco hubo una sola palabra sobre las deudas del propio oficialismo provincial: los bajos salarios estatales, la falta de alternancia política, el éxodo permanente de profesionales y jóvenes, las denuncias recurrentes por clientelismo o la concentración del poder que caracteriza a Formosa desde hace casi treinta años.

El discurso terminó con la clásica consigna de que "los mejores días fueron, son y serán peronistas". Una frase que suena potente en un acto partidario, pero que pierde fuerza cuando se contrasta con una provincia que sigue dependiendo de subsidios, con escasa inversión privada y donde miles de jóvenes consideran que su mejor proyecto de vida está a cientos de kilómetros de su tierra.

Más que recordar a Perón, Rodrigo Vera utilizó su figura para blindar políticamente al gobierno de Insfrán.

Y quizá esa sea la mayor paradoja del acto: se habló durante ocho minutos de justicia social, independencia económica y soberanía política, pero casi no hubo espacio para explicar por qué, después de casi treinta años del mismo modelo provincial, Formosa continúa figurando entre las provincias con mayores indicadores de pobreza, menor desarrollo privado y mayor dependencia del Estado.

Cuando la historia se convierte únicamente en un instrumento de propaganda, deja de ser memoria y pasa a ser un acto de fe.

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