
Matemática militante y de pecera: Muraciolle cuenta como excepcional algo que hicieron todas las provincias
leonardo fernández acosta
El rector de la Universidad Provincial de Laguna Blanca (UPLaB), Adrián Muracciole, volvió a ejercer su especialidad no declarada: la contabilidad creativa al servicio del culto a Gildo Insfrán. Esta vez, para explicar que, milagros mediante, los salarios docentes en Formosa no sólo resistieron la inflación, sino que crecieron en términos reales, todo mientras la provincia “pierde” cientos de miles de millones por culpa de Javier Milei. Un relato perfecto… si uno evita mirar la realidad.
Arranca con un clásico: “Formosa destinó en 2024 un 138% más de recursos que en 2023”. Lo dice citando datos nacionales, como si eso lo blindara de sospecha. Pero omite un detalle menor: no aclara qué parte de ese gasto es salarial, qué parte son transferencias internas y cuánta es obra pública contabilizada como inversión educativa —una maniobra habitual del gildismo desde hace años—. Tampoco dice que la inflación del NEA fue 103,9%, pero la canasta docente, entre alquileres, transporte y alimentos, voló bastante más arriba.
Después viene el plato fuerte: “el salario inicial aumentó 164% y en términos reales creció 31%”. Suena hermoso. Lástima que el salario inicial es una cifra teórica que no cobra prácticamente ningún docente que acumula antigüedad, horas cátedra o cargos. La comparación real debería hacerse sobre cargos reales, no sobre un “docente ideal” fabricado para la propaganda. Ahí los números ya no son tan heroicos.
Muracciole sigue: “Insfrán pagó con fondos propios el FONID, la conectividad y la garantía salarial”. Lo presenta como un gesto extraordinario del gobernador, cuando en realidad todas las provincias debieron absorber recortes nacionales con sus propios impuestos, porque no es que los docentes puedan dejar de cobrar. Presentarlo como un acto de generosidad excepcional es marketing estatal, no análisis académico.
El rector insiste con que “los docentes de Formosa ni sintieron el recorte”. Una frase que solo puede decir alguien que no pisa una escuela hace años, o que cobra salario de rector y viáticos de funcionario. Cualquiera que hable con docentes sabe que la pérdida de poder adquisitivo viene desde 2018, que el 2024 apenas “amortiguó” golpes y que la caída más dura se dio justamente con la inflación de diciembre-marzo.
Luego se enorgullece de que Formosa “está entre las pocas provincias que siguen pagando el FONID”. No menciona que es la provincia con uno de los salarios docentes más bajos del país según cualquier comparativa sindical o nacional. Es fácil tener “complementos” cuando se parte de un piso bajísimo.
La parte de los “más de $450.000 millones perdidos” por culpa del Gobierno nacional ya pertenece al rubro evaluación dramática con números inflados. Nunca especifica cuánto es deuda previsional reconocida, cuánto es reclamo judicializado y cuánto es una estimación política sin verificación técnica. Afirma la cifra como verdad revelada, sin margen de duda, para reforzar el eterno relato victimista: Formosa como provincia ajusticiada que solo sobrevive gracias al sacrificio del caudillo.
También dice que en 2025 el incremento docente va “13,3% por encima de la inflación proyectada”. Hermoso. El truco está en la palabra mágica: proyectada. Proyectada por quién, bajo qué escenario y con qué nivel de realismo. A esta altura, confiar en una “inflación proyectada” del gobierno provincial es tan firme como armar una casa en el Bañado con palitos de helado.
Y el broche de oro: las “1552 escuelas construidas” y “los resultados de las Pruebas Aprender”. El rector sabe perfectamente que edificios no garantizan calidad, y que en Formosa se construyeron escuelas incluso donde hay muy pocos alumnos solo para justificar obras. Y que en las Pruebas Aprender la provincia alternó entre resultados mediocres y estancamiento, pero el discurso oficial siempre selecciona el dato conveniente.
Al final, Muracciole repite la liturgia: “en Formosa la educación es una cuestión de Estado”. Efectivamente: es una cuestión de Estado, propaganda de Estado, y sobre todo, obediencia de Estado. Todo lo demás es matemática militante.


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