
Teléfono para el Ministro Ibáñez: en Formosa no se cierran fábricas porque no hay ninguna
leonardo fernández acosta
Jorge Ibáñez descubrió de golpe que hay “provincias hermanas que están mal”. El problema es que gobierna y administra las finanzas de una provincia que vive casi exclusivamente de la coparticipación federal y de transferencias discrecionales de la Nación desde hace décadas. Resulta llamativo que ahora se sorprenda por una “menor recaudación”, cuando Formosa jamás construyó un esquema productivo propio que le permita despegarse del humor del Tesoro nacional. Si hay efecto cascada, como dice, es porque el modelo formoseño eligió ser dependencia estructural y no desarrollo autónomo.
Ibáñez habla de caída del consumo, cierre de PyMEs y falta de empleo como si se tratara de un fenómeno importado desde Buenos Aires. Sin embargo, omite un dato central: en Formosa no hay cierre masivo de fábricas porque, sencillamente, no hay fábricas. El empleo privado es marginal, las PyMEs sobreviven atadas a la obra pública y al gasto estatal, y el comercio depende del sueldo público. El problema no empezó con este Gobierno nacional: es el resultado de casi 30 años de un mismo esquema político que confundió estabilidad con estancamiento.
El ministro acusa a la Nación de “pintar otra realidad”, pero durante años el relato oficial provincial negó la pobreza estructural, maquilló estadísticas y celebró superávits mientras la provincia se vaciaba de jóvenes, inversión y oportunidades. Ahora, de repente, descubren a “los asalariados, los jubilados y las PyMEs”, sectores que el propio modelo formoseño mantuvo cautivos, precarizados y sin movilidad social real.
Ibáñez critica que se priorice la macroeconomía y el pago de la deuda, pero jamás explica por qué Formosa, con superávit fiscal “leve”, no puede sostener universidades, programas sociales o infraestructura básica sin pedir auxilio permanente. La pregunta incómoda es simple: ¿dónde fue a parar el dinero durante todos estos años de bonanza fiscal y alineamiento político con la Nación?
En cuanto al Presupuesto 2026, el ministro se indigna por la falta de obra pública, pero calla que durante años la obra pública en Formosa fue sinónimo de cartelización, sobreprecios y obras que no generaron desarrollo productivo alguno. Más rutas no resolvieron la pobreza; más edificios no crearon empleo genuino. El problema no es la falta de fondos, sino el uso que se hizo de ellos.
La visita de Axel Kicillof y los elogios cruzados terminan de cerrar el círculo del relato: funcionarios que se felicitan entre sí, celebran documentos y acuerdos políticos, mientras la realidad social sigue siendo la misma. Kicillof “encontró una Formosa distinta”, dice Ibáñez. Distinta para quién, es la pregunta que nunca responden.
Y el cierre, casi como un mal chiste, pidiéndole ayuda “al Niño que va a nacer el 24”, resume el nivel de agotamiento del discurso oficial: cuando no alcanzan los números, los argumentos ni la gestión, queda la fe. Pero gobernar no es rezar. Gobernar es hacerse cargo. Y de eso, Ibáñez habló mucho y explicó muy poco.


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