
"¡Gildo sacate una foto nacional y popular!": "No se diga más" (pero no dejo los vuelos charter)
leonardo fernández acosta
La desesperación suele ser mala consejera. Y cuando se combina con décadas de poder ininterrumpido, el resultado roza la caricatura. En una postal que pretendió ser épica, el gobernador Gildo Insfrán se mostró junto a gremialistas sosteniendo un cartel de Aerolíneas Argentinas, en el marco de una ofensiva política, compartida con Axel Kicillof, contra todas las medidas del Gobierno nacional, no sólo la reforma laboral.
La escena, sin embargo, destila una hipocresía difícil de disimular.
En Buenos Aires tal vez no lo sepan, pero en Formosa es vox populi: Insfrán hace más de veinte años que no pisa un vuelo comercial. No viaja en Aerolíneas Argentinas. No se mezcla. No espera en salas comunes. Se desplaza en vuelos chárter privados, taxis aéreos, cuyo costo ronda los 20 mil dólares por tramo, contratados a empresas privadas como Vuela/Vuelta Light, según ha trascendido en reiteradas ocasiones.
El mismo gobernador que posa con un cartel “defendiendo” a Aerolíneas es el que jamás la usa. El mismo que se envuelve en consignas populares es el que gobierna como monarca en un feudo donde el poder no se discute y la plebe no se cruza. La foto no es un error: es una confesión. La de un dirigente que perdió la brújula política y se saca cualquier foto con cualquiera, promoviendo causas que en su propia provincia rechaza, ignora o directamente pisotea.
No es convicción lo que muestra Insfrán. Es ocaso. Es el reflejo de quien empieza a asumir que está transitando su último mandato y que el relato ya no alcanza para tapar la distancia obscena entre el discurso y la práctica.
Cuando el poder se prolonga demasiado, la impostura se vuelve visible. Y ayer, con ese cartel de Aerolíneas en la mano, Gildo Insfrán quedó exactamente donde no quería: expuesto.


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