
Formosa, la viñeta negativa de cualquier académico en un cumbre de empresarios mundiales
leonardo fernández acostaAmCham(Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina) es la asociación empresarial más influyente del país se reunió en el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires. Convoca a más de 900 firmas desde gigantes como PAE, Cargill y Microsoft hasta grandes bancos y siderúrgicas y sus cumbres marcan la agenda de inversiones, definen el humor del poder económico y tienen llegada directa a los ministerios clave. Por eso, lo que allí se dice no es un simple debate de cámaras: anticipa movimientos de capitales y traza las grietas del mundo de los negocios.
Es el foro donde el poder económico real discute el futuro del país. Allí se reúnen las empresas que invierten, exportan y generan empleo. Por eso, cuando en su última cumbre el politólogo Carlos Gervasoni puso a Formosa como el ejemplo del atraso contrapuesta a una Mendoza "competente y democrática", no fue un exabrupto académico. Fue un diagnóstico en voz alta de lo que muchos empresarios piensan en privado.
La incomodidad que ese comentario generó en algunos pasillos oficialistas no borra su contundencia. Porque Formosa, después de 30 años ininterrumpidos de gobierno de Gildo Insfrán, sigue siendo una de las provincias más pobres, más dependientes de la coparticipación y con menor desarrollo productivo del país. Y la cumbre de AmCham simplemente se limitó a decirlo.
Una verdad que duele, pero que es ineludible
El contraste que trazó Gervasoni no fue una grieta artificial entre provincias. Fue el reflejo de dos modelos opuestos: Mendoza invirtió en instituciones, diversificó su matriz productiva y construyó una alternancia democrática real. Formosa, en cambio, concentró poder, militarizó la política y congeló su economía en la asistencia estatal como único horizonte.
Los números no mienten. Tres décadas de un mismo proyecto político no trajeron industrias, ni puertos secos, ni corredores logísticos, ni un sector privado robusto. Lo que trajeron fue una burocracia ensanchada, clientelismo como sistema de gobierno y una población atrapada entre el empleo público sobredimensionado y la informalidad.
Mientras en AmCham los ejecutivos de PAE celebraban el oleoducto del sur y los bancos alertaban sobre la mora récord en el conurbano, Formosa seguía ausente del mapa de las inversiones. No porque "el centralismo porteño nos discrimine", sino porque no hay proyecto productivo que mostrar. No hay confianza institucional que ofrecer.
El atraso no es geografía, es política
Durante 30 años, el discurso oficial formoseño alimentó la idea de que el atraso era culpa de Nación, del neoliberalismo, de la sequía, de la pandemia, de todo excepto de la propia gestión. Pero la realidad es tozuda: provincias con similares limitaciones geográficas (Santiago del Estero, Chaco, Misiones) lograron en los últimos años avanzar en infraestructura, turismo, agroindustria o zonas francas. Formosa, no.
El modelo Insfrán agotó su crédito histórico. La "lealtad" no puede seguir siendo el único capital político. La "estabilidad" no puede seguir siendo sinónimo de inmovilidad. Porque mientras el resto del país discute cómo exportar gas licuado o cómo bajar la inflación, acá seguimos debatiendo si hay que hacer una autocrítica o si todo es culpa de "los medios porteños".
La grieta que importa
La nueva grieta que detectó AmCham no es entre empresas que ganan y empresas que pierden. Es entre provincias que se modernizan y provincias que se fosilizan. Formosa lleva 30 años del lado equivocado de esa grieta. Y el primer paso para salir de allí es aceptar que el diagnóstico de Gervasoni por más incómodo que suene no es un agravio: es un espejo.
La cumbre de AmCham nos recordó algo incómodo: afuera nos ven como un caso de atraso. Y tienen razones para verlo así. La pregunta es si, después de 30 años, estamos dispuestos a cambiar o preferimos seguir siendo la viñeta negativa en la próxima presentación de algún académico.


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