
Atencia habla de “normalidad”, pero la salud pública formoseña sigue funcionando a base de mentira y abandono
leonardo fernández acostaEn Formosa hay una costumbre política que ya ni siquiera intenta disimularse: cuando la realidad se vuelve demasiado evidente, aparece un funcionario frente a una cámara para negar lo que todos ven. Esta vez le tocó al nuevo ministro de Desarrollo Humano, Juan Carlos Atencia, que salió a repetir el libreto más viejo del gildismo sanitario: “todo funciona bien”.
Y no. No funciona bien. Basta atravesar la puerta del Hospital de la Madre y el Niño para comprobar que el discurso oficial se derrumba solo.
Mientras Atencia sonríe y habla de normalidad, una familia formoseña acaba de entrar en una pesadilla burocrática después del nacimiento de su hijo con síndrome de Down. El bebé no puede acceder al certificado correspondiente porque el especialista directamente no está. No hoy. No mañana. No en toda la semana. Y en un sistema serio eso sería un escándalo institucional. En Formosa, en cambio, pretenden que sea una simple “demora administrativa”.
Pero no es una demora. Es el Estado ausente.
Porque detrás de ese papel que no llega hay consecuencias concretas y brutales: sin certificado no hay DNI, no hay cobertura, no hay asignaciones, no hay acceso rápido a estudios fundamentales para comenzar tratamientos tempranos. El tiempo, en muchos casos, es determinante. Y mientras la familia espera angustiada, el gobierno sigue fabricando relatos de eficiencia sanitaria para la propaganda oficial.
Lo más indignante no es solamente la falta de especialistas. Lo verdaderamente obsceno es la decisión política de mentir sobre ello. Atencia no puede alegar desconocimiento. El faltante de profesionales, las guardias saturadas, los turnos eternos y la precariedad estructural del sistema sanitario formoseño no son nuevos. Son crónicos. Son parte de un modelo que privilegia el maquillaje discursivo antes que la solución real de los problemas.
Hace años que el gobierno provincial vende una fantasía de excelencia sanitaria sostenida con actos, inauguraciones, spots oficiales y cadenas de autobombo. Pero cuando los formoseños necesitan respuestas concretas, aparece la verdadera cara del sistema: médicos que no están, diagnósticos demorados, familias abandonadas y funcionarios dedicados exclusivamente a negar la evidencia.
El Hospital de la Madre y el Niño no es cualquier lugar. Es el principal centro de atención pediátrica y neonatal de la provincia. Si ahí faltan especialistas esenciales para resolver situaciones sensibles y urgentes, entonces el problema no es puntual: el problema es todo el sistema.
Y quizá lo más perverso sea la naturalización. Que en Formosa ya parezca normal que una familia tenga que mendigar un certificado básico. Que parezca normal esperar días por un especialista inexistente. Que parezca normal que el gobierno responda con propaganda cuando debería responder con soluciones.
Atencia debutó como ministro exactamente igual que sus antecesores: administrando el relato antes que la salud pública. Intentando convencer a la sociedad de que la crisis no existe, aun cuando las víctimas del sistema la padecen delante de sus ojos.
Pero la realidad tiene una enorme desventaja para el poder: no se puede ocultar eternamente.
Y mientras el ministro insiste en que “todo funciona bien”, en el Hospital de la Madre y el Niño hay una familia que acaba de descubrir, de la peor manera, que en Formosa la salud pública funciona solamente para los discursos oficiales.


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