
¿Llegó el presidente de una potencia mundial o simplemente el embajador de Turquía?
leonardo fernández acostaPor un momento, muchos creyeron que Formosa estaba recibiendo al presidente de los Estados Unidos, al Papa o a un jefe de Estado amenazado por organizaciones terroristas internacionales.
Pero no.
Era el embajador de Turquía en la Argentina, Süleyman Ömür Budak, quien llegó a la provincia para cumplir una agenda institucional junto al gobernador Gildo Insfrán.
Lo que debía ser una visita diplomática terminó transformándose en un espectáculo de poder cuidadosamente montado por el Gobierno provincial y ejecutado por la Policía de Formosa, con un despliegue que difícilmente encuentre antecedentes en otras provincias argentinas para una actividad de estas características.
La ciudad quedó literalmente tomada por una caravana oficial que avanzó por las avenidas a una velocidad superior a los 60 kilómetros por hora. Móviles policiales, motocicletas, sirenas, cortes de calles y agentes interrumpiendo el tránsito conformaron una escena más propia de una persecución cinematográfica que de una recorrida institucional.
La pregunta que inevitablemente surge siempre que la policía monta este show es ¿cual es la amenaza concreta? dado que no hay una alerta internacional, no hay informes de inteligencia por lo que el diplomático debe tener ese celo excesivo. Nada, absolutamente nada.
De la misma manera, tampoco existen antecedentes públicos que permitan justificar semejante demostración de fuerza sin sentido.
En Tucumán, en Santiago del Estero y en otras provincias que el embajador visitó durante su gestión, las actividades transcurrieron con absoluta normalidad. Hubo reuniones con gobernadores, empresarios y universidades. No hubo ciudades paralizadas ni caravanas atravesando el tránsito urbano como si se tratara de una operación militar.
En Formosa, en cambio, todo parece necesitar una escenografía desmesurada. No alcanza con recibir a un diplomático. Hay que convertir la llegada en un acontecimiento extraordinario, un verdadero circo.
No basta con garantizar seguridad. Hay que demostrar poder. Y cuando el poder necesita exhibirse permanentemente, termina confundiendo autoridad con ostentación.
Lo más preocupante es que esa puesta en escena tuvo un costo que nadie parece dispuesto a reconocer: el riesgo para los propios ciudadanos.
Mientras la caravana oficial avanzaba escoltada por motocicletas y patrulleros, cientos de automovilistas, motociclistas y peatones debieron frenar, desviarse o improvisar maniobras para permitir el paso de una comitiva que parecía tener prioridad absoluta sobre la ciudad.
Paradójicamente, el operativo diseñado para proteger a un visitante extranjero terminó exponiendo a quienes todos los días circulan por las calles formoseñas.
Porque la seguridad no consiste en acelerar una comitiva. Consiste precisamente en minimizar los riesgos. Y cuando la velocidad aumenta, también lo hace la posibilidad de un accidente.
Resulta inevitable preguntarse qué habría ocurrido si un motociclista hubiera perdido el control intentando esquivar la caravana. O si un peatón hubiera cruzado confiando en que el semáforo seguía regulando el tránsito.
El mismo Estado que instala controles viales permanentes, radares, campañas de concientización y severas sanciones para quienes exceden los límites de velocidad fue el que protagonizó un operativo donde esas mismas reglas parecieron desaparecer apenas apareció la comitiva oficial.
Para el ciudadano común existen límites. Para el poder, aparentemente, no.
La visita del embajador turco representaba una excelente oportunidad para mostrar una Formosa abierta al comercio, a las inversiones y a la cooperación internacional.
Turquía busca fortalecer vínculos económicos con distintas provincias argentinas, especialmente en sectores como infraestructura, energía, agroindustria y logística.
Era el momento ideal para exhibir potencial productivo. Sin embargo, la imagen que terminó dominando fue otra, en este caso una ciudad obligada a detenerse para que pasara el poder.
Una policía actuando más como fuerza ceremonial que como garante de la seguridad pública y un Gobierno convencido de que cuanto mayor sea el despliegue, mayor será la importancia del acontecimiento.
Por otra parte hace 30 años las inversiones no llegan por la cantidad de motocicletas que escoltan a un funcionario por más rápido que estan circulen en la ciudad y los empresarios extranjeros no deciden invertir porque una avenida haya sido despejada a toda velocidad.
Al contrario.
Quien busca oportunidades observa instituciones, previsibilidad, seguridad jurídica y normalidad. La verdadera fortaleza de un Estado no se demuestra imponiendo silencio en las calles para que pase una caravana.
Se demuestra cuando el poder puede convivir con absoluta naturalidad entre los ciudadanos sin alterar la vida de nadie.
El gobernador Insfrán, parece sentirse obligado en cada situación a actuar como si viviera bajo amenaza permanente.
Porque, después de todo, a Formosa no vino un jefe de una potencia nuclear. Vino un embajador. Y el único exceso que quedó a la vista no fue el protocolo.
Fue el operativo.



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