La telaraña de Insfrán también llega a Buenos Aires: Milei abre puertas y Formosa vuelve a mirar cómo se acomodan sus alfiles

Hay algo que los legisladores formoseños de La Libertad Avanza parecen no terminar de comprender: el poder de Gildo Insfrán no termina en los límites geográficos de Formosa, ni se sostiene exclusivamente en el control de la Legislatura provincial, los organismos públicos, los municipios y una Justicia cuya independencia es permanentemente cuestionada por la oposición. El verdadero secreto de la longevidad política del gobernador es su capacidad para construir, conservar y utilizar relaciones en los distintos niveles del poder nacional.
Y mientras el mileísmo levanta las banderas de la libertad, la transparencia y la destrucción de la casta, la telaraña de relaciones del gildismo parece encontrar nuevas oportunidades para extenderse.
La noticia publicada por La Política Online el 2 de noviembre debería ser motivo de preocupación para cualquier formoseño que todavía espera que el cambio político nacional tenga alguna consecuencia concreta sobre el régimen provincial.
El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, remitió al Senado el pliego de Humberto Carlos Guardia Mendonca para integrar la Sala Especializada en Defensa de la Competencia de la Cámara Federal. La postulación adquiere una dimensión política particular cuando se observa el entramado familiar del candidato: es hermano de Cecilia Guardia Mendonca, ministra de la Secretaría General del Poder Ejecutivo de Formosa, funcionaria del gobierno de Gildo Insfrán y una de las figuras identificadas con la militancia y defensa del denominado Modelo Formoseño.
No se trata de una coincidencia menor. Tampoco corresponde convertir un vínculo familiar en una prueba automática de subordinación política. Pero en una provincia donde el poder se organiza alrededor de relaciones de confianza, pertenencia y lealtad, la conexión merece, como mínimo, una explicación pública.
Los formoseños que esperaban que la llegada de Javier Milei al Gobierno nacional significara una revisión profunda de las estructuras de poder que sostienen al gildismo comienzan a encontrarse con una realidad bastante menos alentadora: algunos de los mecanismos de articulación del viejo sistema parecen seguir funcionando perfectamente, incluso bajo la administración que prometió terminar con ellos.
Un nombramiento que excede largamente a Formosa
La cuestión no se agota en el apellido Guardia Mendonca. La información de La Política Online introduce otros elementos que hacen todavía más delicada la operación.
Según esa publicación, el candidato mantiene cercanía con el juez de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti y también se le atribuyen vínculos con el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno, desde los tiempos del kirchnerismo. Además, participó en 2007, junto con Diego Póvolo, del dictamen relacionado con la fusión de Cablevisión y Multicanal.
Pero lo verdaderamente sensible es el destino institucional para el que fue propuesto.
La sala especializada en Defensa de la Competencia podría intervenir en controversias relacionadas con fusiones empresariales, prácticas anticompetitivas y decisiones de la autoridad regulatoria. Entre los asuntos que podrían llegar a ese ámbito aparecen cuestiones vinculadas con la privatización de AySA y otros procesos de reorganización de empresas y mercados.
La Política Online sostiene que el apuro del Gobierno nacional por enviar estos pliegos estaría relacionado con la preocupación por eventuales impugnaciones al proceso de privatización de AySA. También señala que Guardia Mendonca obtuvo apenas 53 puntos sobre 100 en la evaluación y mejoró su posición durante la entrevista personal.
Es decir, no estamos hablando de un cargo administrativo irrelevante ni de una designación sin consecuencias. Estamos hablando de una estructura judicial que podría tener intervención en decisiones económicas estratégicas del país.
Y allí aparece la cuestión que los representantes formoseños de La Libertad Avanza deberían empezar a mirar con mucha más atención.
El problema de los libertarios es que miran el árbol y no ven el bosque
Mientras los dirigentes libertarios concentran buena parte de su energía en confrontaciones locales, disputas internas y declaraciones altisonantes contra el oficialismo provincial, el gildismo conserva una de sus mayores fortalezas: su capacidad para relacionarse con los factores de poder nacionales, independientemente de quién ocupe la Casa Rosada.
Insfrán ha sobrevivido a gobiernos radicales, macristas, kirchneristas y ahora libertarios. No lo hizo por casualidad. Su sistema político tiene una característica fundamental: sabe adaptarse, negociar y preservar espacios de influencia.
El problema para Milei es que puede haber ganado las elecciones nacionales, pero eso no significa que haya desmantelado las redes políticas, judiciales y económicas que se construyeron durante décadas.
Y el problema para los libertarios formoseños es todavía más elemental: parecen confundir el enfrentamiento discursivo con una verdadera disputa por el poder.
Se puede denunciar todos los días el autoritarismo de Insfrán, cuestionar el manejo de los recursos públicos, señalar la dependencia económica de miles de familias y reclamar independencia judicial. Pero si al mismo tiempo no se observa quiénes ocupan los espacios estratégicos del Estado nacional, quiénes son sus vínculos familiares, políticos y profesionales y qué intereses pueden representar, la batalla queda reducida a una puesta en escena.
La política no se define solamente en los discursos de campaña. También se define en los despachos donde se confeccionan los pliegos, en los acuerdos que se negocian fuera de cámara y en los organismos que tendrán capacidad de condicionar decisiones durante muchos años.
La paradoja de la motosierra: se anuncia el fin de la casta, pero sus redes siguen intactas
Hay una contradicción que merece ser expuesta.
El Gobierno de Milei llegó al poder prometiendo terminar con los privilegios, los acuerdos corporativos y las estructuras de poder que habían convertido al Estado en un mecanismo de reproducción política. Sin embargo, los nombramientos judiciales que ahora impulsa su Ministerio de Justicia muestran que la renovación institucional está lejos de ser una cuestión resuelta.
La propia nota de La Política Online describe una sucesión de relaciones, acuerdos y antecedentes que merecen ser examinados. También menciona otros candidatos propuestos para la misma sala, cuestionamientos a sus antecedentes específicos y una estructura cuyo funcionamiento, según fuentes judiciales citadas por el medio, podría demandar alrededor de 100 millones de pesos mensuales sin que exista todavía un volumen de causas que justifique semejante gasto.
No hace falta adherir a todas las interpretaciones periodísticas para advertir que hay suficientes interrogantes institucionales.
Y aquí es donde los legisladores de La Libertad Avanza deberían dejar de mirar para otro lado. El Senado no es una escribanía. Los pliegos no son simples trámites administrativos y las designaciones judiciales no deberían resolverse mediante acuerdos políticos cuyo contenido la sociedad desconoce.
Si el Gobierno nacional pretende terminar con los privilegios de la vieja política, tendrá que demostrarlo precisamente cuando esos privilegios aparecen detrás de nombres que pueden resultar convenientes para sus propias negociaciones.
Formosa no puede permitirse que el cambio sea solamente una consigna
Para los formoseños, el asunto tiene una dimensión adicional.
Insfrán no necesita que un funcionario nacional lleve una camiseta del Modelo Formoseño para que sus intereses puedan encontrar interlocutores en Buenos Aires. Le alcanza con que las relaciones construidas durante años sigan teniendo capacidad de gravitación en los espacios donde se toman decisiones.
La presencia de familiares de funcionarios del gildismo en posiciones de relevancia nacional no demuestra por sí misma una operación del gobernador. Pero obliga a examinar con rigor los antecedentes, las relaciones y las posibles incompatibilidades políticas o institucionales de cada designación.
Porque si la red de relaciones del oficialismo formoseño consigue conservar o ampliar su presencia en ámbitos nacionales, el costo político no será solamente para Milei. Lo pagarán también los formoseños que esperan que alguna vez exista una Justicia verdaderamente independiente, una administración transparente y una posibilidad real de alternancia.
La libertad no consiste únicamente en reducir el tamaño del Estado. También exige impedir que los mismos grupos que utilizaron el Estado durante décadas sigan encontrando refugio, protección o interlocutores privilegiados en las nuevas estructuras de poder.
Los libertarios formoseños tienen una responsabilidad que parece quedarles grande cuando se limitan a la política de declaraciones: controlar, investigar, preguntar y exigir explicaciones a sus propios representantes nacionales. No alcanza con denunciar a Insfrán en Formosa si después se permanece indiferente ante decisiones tomadas en Buenos Aires que pueden consolidar relaciones de poder incompatibles con el cambio prometido.
Porque hay algo que el gildismo entiende mucho mejor que algunos dirigentes libertarios: el poder no se pierde necesariamente cuando se pierde una elección. Se puede perder el gobierno y conservar las conexiones; se puede dejar una oficina y mantener interlocutores; se puede abandonar un despacho y seguir teniendo influencia en los lugares donde se decide el futuro.
Insfrán lleva décadas construyendo su poder hacia adentro y hacia afuera de Formosa. Milei prometió romper esa lógica, pero sus propios nombramientos empiezan a mostrar que la motosierra puede ser muy ruidosa para algunas estructuras y sorprendentemente silenciosa para otras.
Y mientras los legisladores libertarios miran el espectáculo de la política nacional, a la telaraña del poder formoseño se le siguen abriendo puertas.
Cuando finalmente quieran reaccionar, quizás descubran que la tortuga no solamente se les escapó: llegó primero, ocupó los lugares estratégicos y encontró quién le sostenga la puerta.
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