
Paoltroni le pone nombre a la casta: Caputo, Insfrán y el kirchnerismo que nunca se fue para voltear a Ficha Limpia
leonardo fernández acosta
En un contexto de decepción legislativa por el naufragio del proyecto de Ficha Limpia, el senador formoseño Francisco Paoltroni levantó la voz para exponer lo que muchos dentro del oficialismo prefieren callar: el avance de una lógica política que traiciona las promesas de cambio con las que La Libertad Avanza llegó al poder.
“Se piensan que la abuela no tiene más dientes y se los va a masticar de a uno”, lanzó sin filtro en declaraciones a Radio Rivadavia, en referencia al kirchnerismo, al que acusa de ser subestimado por la mesa chica del Gobierno. En su análisis, hay un diagnóstico claro: la estrategia de polarización con Cristina Fernández de Kirchner es funcional al kirchnerismo, y Santiago Caputo –asesor estrella y armador político de Javier Milei– sería el principal responsable de esa apuesta fallida.
Paoltroni apuntó directo al corazón de esa lógica: Cristina como presidenta del PJ y Gildo Insfrán como jefe del Congreso partidario, una fórmula que, lejos de representar el ocaso del kirchnerismo, mantiene intacto su músculo territorial y su capacidad de daño institucional. “Miren a qué dos nenes subestiman”, ironizó el senador, rescatando el ADN intacto de un peronismo que sobrevive a todos los gobiernos.
Pero la crítica no se queda en Buenos Aires. En su propia provincia, Formosa, Paoltroni habla de una situación límite: un régimen donde no se respeta la forma republicana de gobierno, y por el cual asegura estar peleando por una intervención federal. Equipara esa lógica de poder con lo que ocurre en Misiones, donde acusa al exgobernador Carlos Rovira de operar en las sombras y manipular el voto de los senadores provinciales: “Te cambian los votos de la noche a la mañana”.
El rechazo a Ficha Limpia fue para Paoltroni una señal definitiva: el cambio prometido empieza a parecerse demasiado al viejo orden. Y el problema, según su visión, no está solo en el kirchnerismo, sino en el oficialismo que negocia con ellos, les teme o –peor aún– los necesita para sostenerse.
“Hicimos campaña contra la casta y prometimos una Argentina distinta. Yo esas banderas no las bajé ni las voy a bajar”, insiste Paoltroni, marcando una línea divisoria que incomoda al Gobierno. La pregunta es: ¿cuántos dentro del oficialismo están dispuestos a mantener esas banderas en alto, y cuántos ya las guardaron en el placard para pactar con los de siempre?


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