
Nadie es profeta en su tierra: Celeste exportó su militancia a Santa Fe y estrenó cargo con puterío constituyente
leonardo fernández acosta
La reforma constitucional de Santa Fe arrancó, y con ella llegó el show. Pero no el institucional: el de Twitter. La que salió al cruce con ínfulas de prócer fue Celeste Ruiz Díaz, ex figura del radicalismo formoseño, quien tras no pegar una en su tierra natal se recicló como funcionaria en el gobierno de Maximiliano Pullaro, en la provincia que ahora llama —con entusiasmo— "la invencible Santa Fe".
Claro, no todos en la Convención la recibieron con los brazos abiertos. Amalia Granata, diputada, mediática y especialista en escándalos, disparó con munición gruesa: acusaciones de “ñoqui”, de acostarse “por cargos”, y la ironía habitual de quien mezcla política con farándula sin disimulo.
Ruiz Díaz no se quedó callada: le recordó a Granata que está "muy ocupada con el puterío" y que "vive de los santafesinos mientras reside en Buenos Aires". El nivel del debate institucional, como se ve, está en su pico más alto.
El intercambio tuvo perlas para todos los gustos: desde “sugar daddies” hasta reclamos por doble sueldo y menciones indirectas a Gildo Insfrán, el eterno gobernador formoseño que Celeste dejó atrás… o no tanto, porque cada tanto lo usa como comodín para justificar su nuevo rol en tierras ajenas.
El problema no es que haya migrado políticamente —en tiempos de movilidad ideológica, eso es moneda corriente—, sino el discurso altisonante con el que intenta posicionarse como voz moral de una reforma profunda, cuando en su provincia no logró ni renovar una banca.
Eso sí, tuitea con convicción: “La Convención Constituyente es cosa seria. Allí se define el futuro de las próximas generaciones”. Pero entre chicanas con Amalia y arengas institucionales, lo que todavía no aparece son los proyectos concretos de ninguna de las dos.
Lo que sí queda claro es que mientras algunos redactan la nueva Carta Magna, otras ya están escribiendo su propio guion en clave de reality político.


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